Todos tenemos películas que nos definen, que marcan ciertos momentos en nuestra vida cinematográfica y de las cuales jamás podemos escapar. Recuerdo cuando mi madre me contó sobre su obsesión con “La Dolce Vita” de Fellini, que incluso la llevó a nombrar a su hijo como su protagonista, “Marcelo”. También recuerdo  cuando mi padre me contaba de cómo “El Padrino” tenía todas las lecciones que un joven debía aprender sobre la vida,  la familia, los amigos, la traición, o la ley.

Para mi uno de esos momentos sucedió en 1996. Con 10 años pude escabullirme con un VHS arrendado por tres noches en “Errols” (comentario para  aquellos sobre la barrera de los 30) era “Alien” el octavo pasajero” (Ridely Scott, 1979).  Cuando me quedé sólo en casa puse la cinta en el VHS del living, y por 117 minutos quedé atrapado en la más profunda y terrible dimensión de terror de la que, a mis 10 años, podía tener conciencia.

Ellen Ripley y su grupo de “Camioneros del Espacio”, en  camino de regreso a la tierra, responden a la señal de auxilio en un extraño planeta. Grave error pues en este lugar encontraran a los Aliens, que los seguirán a la nave y comenzarán a utilizarlos como recipientes para sus huevos.

“Alien” redefinió mi concepto del miedo cinematográfico, y creo que del miedo en general. No se trataba sólo de monstruos, sino de un sentimiento de claustrofobia y desconcierto tan profundo que no me abandonó por días. Mientras el Alien correteaba a los indefensos astronautas de la nave “Nostromo” yo pensaba que no era posible que aquella criatura surgiera de la imaginación de un ser humano; era demasiado horrorosa, demasiado tétrica, demasiado real. Años después, cuando tuve acceso a internet, pude llegar hasta el trabajo del artista suizo H.R. Giger, diseñador del concepto general de la película, y específicamente del Alien.

El final me dejó helado, Ripley, victoriosa frente a la criatura, debía enfrentar otra, y tal vez peor, amenaza. En la pequeña nave de salvamento Ripley se perdería en el vacío del espacio, rogando que otro humano la encontrara. Entregada a su suerte, graba su mensaje final, entra en “estasis” e inicia su camino hacia la nada. Esa “nada”, analizándolo años después, es una de las cosas más terroríficas de la historia. Los desafortunados pasajeros del “Nostromo” no tenían a quien recurrir por ayuda, y la cantidad de oscuras criaturas que podían habitar en el espacio era infinita. Se enfrentaba al desconocimiento total frente a su enemigo, nunca lograban comprenderlo del todo, y eran demasiado pequeños e indefensos frente al universo.

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Pasarían sólo un par de meses hasta que pude obtener una copia en VHS de “Aliens” (James Cameron, 1986), la segunda entrega  de la saga. Esta vez fue un revendedor de películas en el persa Bio Bio quien la tenía en un montón de cintas de acción.  La compré con mi propio dinero,  la escondí de mis padres hasta que me quedé nuevamente sólo en casa, y tuve la TV y el VHS bajo mi dominio.

57 años pasó Ripley en el espacio hasta que es rescatada por  la Corporación Weyland-Yutani. Luego de ser degradada, le ofrecen la posibilidad de recuperar su posición si acompaña a un grupo de soldados a la colonia LV-42, con la que han perdido contacto por razones desconocidas.

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Desde un inicio, cuando Ripley asiente unirse a este grupo de soldados; sabía que  el encuentro con la criatura era inevitable. De alguna manera, al haber visto la primera película, tenía la sensación de saber algo que el resto de los personajes no; había sido testigo de los horrores, sabía que tan oscuro y despiadado podía ser el espacio. Sólo compartía esa vivencia con  Ripley, y eso despertaba un gran cariño hacia ella; sólo nosotros sabíamos a lo que se enfrentaban.

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También note que, a medida que los enfrentamientos se volvían más y más intensos, mi preocupación radicaba en la sobrevivencia de los “Aliens”. Me vi alentando por las bestias, y esperando maliciosamente el momento en que, uno por uno,  los incautos humanos fueran cayendo.

Esta vez el miedo y el terror habían sido remplazados por acción y mucha adrenalina. No era sólo una continuación de la primera historia, era algo diferente.

Esta fue la película que, sin duda, me convirtió en un fanático de la serie.

 “Aliens” me enseño varias cosas. Era 1996, año de “Independence Day “y “Scape From L.A”, películas que utilizaban mucho músculo y poco cerebro para contar historias de acción. Para mí fue una sorpresa descubrir que la acción también podía ser profunda, inteligente e incluso delicada.

También aprendí que las mujeres pueden patear traseros. Ripley lucha por sobrevivir, y tiene bastante poco del héroe ética y moralmente incorruptible; ella es un ser humano llevado al extremo, que poco a poco se convence que debe luchar para vivir.

Varios años después volví a verla, ya no con los ojos de un niño sino con la deformada mente de un adulto. Pude apreciar entonces ciertos detalles que para mí habían pasado desapercibidos. Tras toda la acción y el terror de “Aliens”, se esconde una crítica al mundo corporativo. En el fondo el mundo empresarial, representado por la Corporación Weyland-Yutani, no quieren destruir a los Aliens sino utilizarlos como una posible arma de guerra.

Hoy lo damos por descontado, pero en los 80 el discurso anti-capitalista estaba recién tomando fuerza. Cabía entonces la posibilidad que los villanos no fueran las criaturas sino los humanos y su inevitable evolución hacia el dios monetario.

Vinieron dos secuelas más, “Alien 3” de David Fincher y “Alien Resurrection” de Jean Pierre Jeunnet; ambas bastante deficientes y a años luz de las dos cintas originales. Pero eso no importaba tanto, el regreso al mundo de Alien significaba tanto que vi ambas con la benevolencia de aquel que disfruta y no critica

Vinieron luego las sagas de Alien vs Predator, que rebajaron al personaje a débiles historias y ridículas batallas. Prometheus en 2012 trajo el universo de Alien de regreso, y en 2017 Ridely Scott estrenará Alien Covenant.

Este año se cumplen 30 años del estreno de “Aliens”, y 35 del estreno de “Alien, el octavo pasajero”. Se estrenó una edición especial en Blu-Ray que trae bastantes regalos para fanáticos; audio comentarios del director y el equipo, escenas eliminadas, arte conceptual, libro con sus ilustraciones, la inspiración y el diseño de los Aliens, un documental, imágenes de los vehículos y armas de sus personajes y galerías del casting.

Todo aquello que se podía decir o escribir sobre “Alien” ya está sobre tinta. Críticos mucho más capaces y locuaces que yo han dejado claro porqué la saga  es fundamental y fundacional en un tipo de terror y acción que hasta ese momento no existían en el cine. Queda solamente hablar desde lo sentimientos y los recuerdos, que son terreno pantanoso y disperso, pero siempre interesantes.

Hace una semana volví a ver las dos cintas, y me queda claro que la sensación no desaparece. Nuevamente me sentí como un niño, descubriendo gracias al VHS lo que significaba el terror en el espacio, donde nadie puede escucharte gritar.

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