Digan lo que digan, Wonder Woman es la personificación del feminismo en el mundo del cómic. Nuestra bella amazona ve la luz el año 1941 en All Star Comics #8, sin embargo en enero de 1942 lideraría Sensation Comics (siendo ese su año oficialmente), cuando la realidad en el mundo, y más específicamente en Estados Unidos, estaba marcada por la segunda guerra mundial, el patriotismo y el “heroísmo”. Considerando el hecho de que, con la mayoría de los hombres enfocados en la guerra, se abría tímidamente un nuevo nicho que involucraba a las lectoras, el psicólogo William Moulton Marston, propone igualar un poco el campo de batalla con una heroína. A ojos del especialista la inclusión de Wonder Woman servía para nivelar la “escalofriante masculinidad” imperante en los comics de esa época. Entonces apareció Diana, la amazona con superfuerza y supervelocidad, con la misión de devolver a un accidentado Steve Trevor al “mundo de los hombres”, donde su identidad secreta la llevó a realizar labores de “enfermera”, y que en sus primeras páginas guardaba mensajes de lucha, poliamor e incluso bondage.

De ahí en adelante la historia ha llevado a nuestra Princesa a la par con la historia de esas niñas, que posteriormente se convirtieron en mujeres. Wonder Woman abraza el feminismo sufragista, exigiendo igualdad desde el trato respetuoso hacia sus pares y hacia el mundo. Sin embargo su pelea por los derechos no siempre prosperó. Con la salida de Marston de la serie, la línea editorial cambió, y lo que antes fueron pequeñas secciones donde las niñas podían leer acerca de heroínas feministas, se convirtió en un apartado sobre las bondades de un buen matrimonio.

Cambios de vestuario, la obtención de una boutique y la muerte de Steve Trevor al parecer llevarían a Diana al olvido. Pero apareció George Pérez, y la amazona revivió.

Interesado por la corriente feminista y su vinculación con la mitología, Pérez quiso honrar de alguna manera la idea inicial de Wonder Woman y durante su etapa -que inicialmente sería de sólo seis meses -nos regaló la mejor de las eras de la princesa amazona.

Con unos orígenes simplemente maravillosos, nos reinventa el amanecer de las amazonas como mujeres excepcionales, cuyo género no es azar ni coincidencia: Las diosas en el Olimpo piden autorización a Zeus para crear una nueva especie, que medie entre los mortales y los dioses, que hagan ver al ser humano que lo divino existe, y así no perderse en el olvido y la superstición. Para ello utilizan las almas de todas aquellas mujeres muertas debido al maltrato y la opresión y Diana, la única nacida entre las amazonas, es el alma de una niña que murió junto a su madre en su vientre.

 

Desde ese momento, Wonder Woman vuelve a nacer como el avatar de una lucha que aún existe, un símbolo de igualdad entre sus pares y un símbolo de respeto. Con los años, Wondy ha tomado responsabilidades diferentes dentro del catálogo de dioses, convirtiéndose actualmente en el dios de la guerra, y como figura ha incursionado exitosamente en el cine y la televisión, en las figuras de Lynda Carter y Gal Gadot.

Gal Gadot y Lynda Carter en la ceremonia de inclusión de Wonder Woman a la ONU. Lamentablemente el nombramiento duró poco más de un mes, debido a los constantes reclamos de grupos radicales.

 

Si pudiera recomendar alguna historia, además de las de Pérez, sería lo que hizo Azzarello en N52 y Wonder Woman Tierra Uno de Grant Morrison, que replantea los orígenes de la amazona y su relación con Steve Trevor. Actualmente su historia en Rebirth fue tomada por Greg Rucka, que también escribió al personaje en entregas anteriores.

Wonder Woman se ha convertido no sólo en un símbolo del mundo nerd, sino en testigo y compañera de grandes cambios a nivel social en pro de los derechos de las mujeres y la igualdad.

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