Lucy, Anaís y Marina… vencerán (8) Así iba más o menos el coro de “Las Guerreras Mágicas” (Magic Knight Rayearth), una serie que contaba las aventuras de tres chicas que pasan de la indiferencia (porque no se conocían) a la más profunda amistad, en favor de proteger una mágica nación. Creadas por el grupo Clamp en 1994, la serie consta de dos temporadas (de 20 y 29 capítulos), que abarcan los 6 tomos del manga (3 por cada temporada), y un Ova de 3 episodios.

Cuando las Guerreras mágicas llegaron a la tele, la idea era seguir con la dinámica de “las niñas mágicas”. Chiquillas que iban al colegio, se transformaban y salvaban el mundo. Algo piola, algo suave. Pero esto era bien distinto.

Para el que no sepa, Lucy, Marina y Anaís, son 3 chicas de colegios, vidas y realidades distintas (esto es súper importante porque hablan mucho acerca de sus rutinas) que coinciden en sus respectivos paseos de curso a la torre de Tokyo, en el que son transportadas como “niñas elegidas” por Mokona (un apretable ser conejoide) a un mundo mágico donde a través de la magia deberán encontrar y rescatar a la princesa Esmeralda, que ha sido secuestrada por el malvado Zagato, poniendo en peligro la estabilidad de Céfiro.

En el camino conocen a otros seres igual de interesantes, como Presea o Paris, además de iniciar una amistad llevada más allá de las circunstancias. Están acompañadas de 3 Genios que les prodigan poderes mágicos, y gracias a eso son capaces de enfrentar esta aventura. Pero una de las cosas maravillosas que tienen las Clamp es esa manera casi maligna de girar las tramas en un punto donde estamos 100% convencidos de que lo que sabemos es absoluto.

La verdadera magia de Céfiro

Lo más lindo de esta serie, es la manera en la que sutilmente explora varias temáticas relacionadas a la naturaleza humana, a sus límites y convicciones. Y si mezclas todo eso con magia entonces de verdad lo pasas muy bien. Visto desde afuera es la típica historia del rescate de una princesa… ¿realizado por tres chicas? Las Clamp (y asia en general), desecha la idea del príncipe, y pone en sus protagónicos a los personajes más capaces de desentrañar todo lo que ellas quieren exponer: chicas adolescentes de realidades distintas. Esto es importante, porque permite mostrar cuáles son sus visiones de mundo, sus historias y sus prioridades. Aquello que para ellas es importante por razones totalmente distintas. Al terminar la primera temporada se llevan una sorpresa tremenda, puesto que la princesa a la que con tanto amor desean salvar… no está en peligro. Esmeralda y Zagato viven un amor prohibido por ser ella el pilar de Céfiro y quien debe entregarse en cuerpo y alma a esa tarea, perdiéndose como ente individual. Luego de una increíble batalla (porque esto tiene amor, sentimientos, muerte y peleas), las chicas son testigos del desenlace de una historia que no les compete: se sienten usadas, traicionadas en sí mismas, y vuelven a su mundo con la victoria más amarga de sus vidas.

Entonces empieza la segunda temporada con las chicas tristes, con un grado de seriedad distinto, a lo que el común de las personas atribuye a la madurez. Lucy, Marina y Anaís están viviendo un duelo que no pueden contarle a nadie, además de un profundo cuestionamiento personal. Vuelven a ser transportadas a Céfiro, que está en ruinas por la pérdida de su pilar y en busca de su siguiente soberana. Las chicas se comprometen a proteger lo que queda de la nación hasta que encuentren a otro pilar, y en ese proceso se enfrentarán también a sus propios fantasmas.

En esta temporada aparece con más fuerza la idea del amor romántico (Lantis, eso nomás les digo), y también del propio cuestionamiento. El personaje de Luz, el lado oscuro de Lucy, opera como demonio, pero también como un constante recordatorio de sus propios deseos y temores. De ese umbral de aceptación que la separa de la sabiduría de la adultez.

Al final Céfiro estaba regido por un sistema súper opresor, que obligaba a quien fuera el pilar a desprenderse de sus afectos por el bien común de sus habitantes. Pasaba en la historia sin fin también, cuando la princesa comienza a morir y todo el reino se empieza a desmoronar. Al igual que en la historia de Michael Ende, Lucy da un giro a esta dinámica, estableciendo que la responsabilidad de mantener vivo Céfiro recaerá en la esperanza e ideales de cada uno de sus habitantes, suprimiendo así la sacrificada labor de ser el pilar (además le tocaba a ella).

Más que una historia de magia, las guerreras mágicas es un relato empoderado de amistad y valentía. Una aventura imperdible que explora los límites del compromiso y los lazos que fortalecen la amistad, haciendo un recorrido no menor por otros aspectos como la percepción de uno mismo y el amor romántico.

¡Comenta!