La primera vez que supe de Utena yo era chica. Mi papá me llevaba al Cinearte Alameda los sábados en la tarde a ver series , y no entendí nada, porque justo fui a la proyección del último capítulo. Pero lo que vi me encantó y no la olvidé. Obviamente el análisis que hago ahora no fue el que hice en ese momento, pero cuando mi yo de 12 años se encontró con esta heroína maravillosa el cuento definitivamente fue otro.

“Una vez, hace muchos años, había una pequeña princesa que estaba muy triste…”

Utena Tenjô pierde a sus padres cuando era pequeña, por lo que se siente muy sola y triste. Entonces aparece un príncipe de sonrisa encantadora y ojos amables montado en su caballo blanco (así, tal cual), envolviéndola con su perfume de rosas y limpiando sus lágrimas. El príncipe la anima a soportar su dolor y le pide que por favor nunca pierda su nobleza. Le entrega un anillo con una rosa grabada, con la promesa de volver a verse, y ella decide hacer algo más que esperarlo. Utena se convierte en ese príncipe.

Pasan los años, pero no deja el anillo, que sin duda la guiará no sólo al misterioso príncipe, sino que a la aventura que cambiará su vida, y una vez que entra a la Academia Othori, comenzará a definir su destino.

Es súper difícil plantear esta serie como una categoría u otra, porque contiene mucho más de lo que parece. Muchas otras tomaron elementos de ella más tarde, y en sí misma también es el reflejo de sus antecesoras, y eso la convierte en referente obligado no sólo de los que buscan una buena serie, sino que quienes persiguen obras que planteen las diferencias de género (y las destruyan).

“Ella recibe las espadas en lugar del príncipe”

A modo de hacer justicia, Utena se convierte en duelista de su academia. Ya destacaba su comportamiento propio no de un varón sino que de un auténtico príncipe (porque eso también es importante. El comportamiento de la protagonista, no le resta femineidad). Ágil, audaz, valiente y con una nobleza más allá de toda prueba, se convierte en la “poseedora” de la “Novia de la Rosa”, una chica llamada Anthy, aparentemente tímida y a quien nuestra protagonista deberá proteger.

¿Pero qué es eso de los duelos?

A ver, les explico: En la academia Othori se realizan duelos de esgrima entre los alumnos que forman parte del consejo de estudiantes (que es como el centro de alumnos, pero estos como que mandan en el colegio), los cuales tienen una particularidad: Si portas un anillo con el sello de la rosa (como el de Utena) serás considerado duelista, lo que te hace acreedor de la oportunidad de pelear por la posesión de la novia de la rosa. Utena debe combatir para “conservar” a Anthy y así protegerla. Se convertirá en su príncipe pero más que eso, será su amiga.

Desde el comienzo deconstruye el machismo y destruye la fantasía del príncipe salvador de damiselas en desgracia. El último capítulo, cuando rechaza el beso de consuelo -rebelándose ante el príncipe de su mente -y se resiste a considerarse perdedora ante este mal llamado príncipe, seductor y embaucador, corrompido por la ambición de poseer “el poder de cambiar el mundo”, Utena lamenta no haberse convertido en príncipe, sin embargo consigue ser una heroína.

A lo largo de toda la serie, y sobretodo del arco final, Utena y Anthy hacen posible lo que varios años más tarde haría Steven Universe (que homenajea esta serie todo el tiempo): generan una historia que aplasta las opresiones del género, con acción, humor y una dinámica propias de un texto libre y sin temor de plantear cada tema. Por eso además no tiene personajes aburridos.

“Por favor, continúa jugando a ser un príncipe en este confortable ataúd para siempre. ¿No sabes lo que ha pasado? ella no ha desaparecido, solo se ha ido de tu mundo.”

La serie está cargada de metáforas, no sólo a la idea del machismo con el tema heterosexual  del príncipe y estas damiselas que sólo pueden ser salvadas por un hombre, sino que toma mucho del drama de las personas al asumir su identidad ante el mundo. Este poder para revolucionar el mundo en realidad es la llave hacia su libertad como entes plenos y valientes. Es como lo que plantea Demian de Hermann Hesse (también referenciado durante toda la serie); ellos son el pájaro y la academia es el huevo. Si rompen el huevo sin estar listos, morirán sin haber nacido. Y a lo largo de la serie todos exploran no sólo sus temores, sino que también se preparan “para nacer” a este mundo fuera del instituto, despojado de fantasías heroicas pero que necesita verdadero valor. Abandonar la academia no sólo es dejar la fantasía del duelista, sino que también es madurar.

Recomendarla es poco, así que les invito a ver esta verdadera joyita de 36 capítulos, inspirada en el manga de Chiho Saito y una película que da para un análisis como de un mes.

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