Hasta que aterrizó. Y como era de esperar, llena de polémicas y expectación, como si la nave Nostromo viajará en el tiempo casi cuarenta años después a un planeta desconocido, salvaje, hostil y modernizado. Después de una sospechosa maquinaria de marketing que incluyó cortometrajes, muchos trailers y adelantos. Alien Covenant llegó a la cartelera local, nuevamente con Ridley Scott al mando pero con otra misión y mirada, digna de analizar. Despeguemos.

Bitácora del capitán

Covenant es una nave con 15 tripulantes (integrada por muchos matrimonios, raro) cuya misión es llegar a un planeta similar a la Tierra para repoblarlo con nuevos humanos. Una suerte de nave embrionaria que pronostica un buen y plácido pasar hasta su destino. Hasta que, obviamente, algo sale mal y toda la tripulación debe despertar de su estado de sueño criogénico, junto con responder a un llamado de auxilio de otro planeta, también similar a la Tierra, pero más cercano. ¿Llegar y hacer o no?. Y de esta decisión y aventura, queda la crema, crema que está ligada con los sucesos de la nave Prometheo, el sintético David (Michael Fassbender) y la doctora Elizabeth Shaw (Noomi Rapace). Afírmate, cabrito.

Antes que todo: el Antiguo Testamento

Alien: El Octavo Pasajero (1979) es para muchas y muchos la cinta más importante de extraterrestres de la ciencia ficción. Una obra que marcó precedentes en estilo, estructura y género, replanteando la imagen del espacio y su experiencia, traspasando el sentido del viaje al de la sobrevivencia. Cruda, análoga, solitaria, existencial. Mostrándonos una realidad espacial corroída, visceral, con obreros en vez de soldados; y con una heroína, la teniente Ripley (Sigourney Weaver, diosa), como líder, punta de lanza y mensaje: coraje en vez de temor, choque en vez de escape, guerrillera en vez de doncella.”Los gritos no se escuchan en el espacio”, crujía el slogan antes de su estreno. Qué decir de nuestro buen amigo el Xenomorfo, con H. G. Giger en su confección y espíritu; negro, negrísimo, letal, de doble mandíbula, rápido, y sin ojos, sin ojos. Horror puro. Apareciendo cual Tiburón de Spielberg sólo unos minutos en todo el film, vaporoso y solemne. Bravo. Entonces, detrás de tal leyenda y clásico, cabe preguntarse qué pasó en este camino, especialmente, ¿qué te pasó Ridley?.

Un Facehugger millenials

Dejemos de lado los otros brazos de este universo: la joya de acción, o acción pura, que fue Aliens: el regreso (James Cameron, 1986); el oscuro ensayo filosófico y dramático de Alien 3 (David Fincher, 1992); o Alien: resurrección (1997, Jean-Pierre Jeunet) aquel experimento maternal de fantasía gótica europea. [No, para Nerdix no existe Aliens vs Depredador]. Así que quedémonos en el germen, el huevo elemental, en las fases de Ridley Scott, en el tránsito y conexión con 38 años entre la primera y la última postal del Xenomorfo, situando la incomprendida Prometheus (2012, también de Scott) en la banca por ahora. Y la respuesta son los tiempos, los nuevos tiempos.

Es verdad que Alien Covenant está una galaxia muy lejana de de ser Alien: el octavo pasajero. Es verdad que tiene escenas realmente WTF. Es verdad que su historia se torna difusa. Pero también hay que reconocer que esta cinta promueve un lenguaje y audiencia diferente, una más acorde al hoy, al 2017, que lamentablemente para unos anhela acción, velocidad, golpe y efecto; cine de pop corn en serie, a la vena y sin gestarse. En vez de pulso, alma y pasión depurada. Y de esta complicada ecuación, la de entregar un producto bajo estos cánones pero a la vez con algo, algo de contenido y corazón, Alien Covenant queda herida, pero sobrevive.

Porque es un film entretenido, con momentos de angustia y un manejo del misterio que realmente inquieta y engancha. Sobre todo para los amantes, me incluyo, de Prometheo (lo sacamos de la banca) pues la conexión es elemental y directa, resolviendo problemáticas y misterios no manifestados en estas casi cuatro décadas. Puede que tales revelaciones, de dónde vienen los Xenomorfos, puedan parecer simplistas o matar la magia del adn de Alien, pero es indudable que sorprenden, remueven y te cierran un ciclo. Un ciclo que claramente don Ridley, quiere pregonar o extender a otros campos e ideas, como una madre alien pone sus huevos.

Ridley, el ingeniero sintético

Aliens: el regreso + Prometheo + Terminator. De este cruce sale Alien Covenant, sin términos medios, con sus puntos altos y bajos sumados, formándose saturadamente en un film de acción trepidante, revelando grandes preguntas y cambiando los perfiles de protagonistas. El rol femenino, esta vez encarnado por Daniels (Katherine Waterson) baja un escalón para ceder terreno a David/Walter (Michael Fassbender), o mejor dicho, uno de los grandes pilares de esta saga entra en debate, para pasar de un testimonio de sobrevivientes a la declaración de dioses versus humanos, creadores versus creados. Con personajes que incluso insertan ideas de Fe en lo que puede pasar. Y eso, este giro, arriesgado o alocado, puede que sea interesante. Ya no son las madres las que priman, son los padres. El universo y la materia Scott no se crea ni se destruye, se transforma, a la fuerza y va por más.

De esta idea se pueden esbozar las lecturas del ingeniero Scott actual (no del obsesivo genio de 1979), entregando un manifiesto y crítica a la sociedad y humanidad actual, esa que desde la tecnología cree tener el dominio y control de la naturaleza y sus secretos. Sin saber que sus propios experimentos pueden ser los que le darán fin y sentencia; nada nuevo (Terminator, Matrix, etc), pero qué va. Esta vez en el futuro, en el cosmos, donde nadie nos oiga. Si a inicios de los 80 los cuestionamientos iban por lo que nos deparaba el capitalismo y su triunfo; ahora el rollo va por los males de sociedad actual: la mecanización, la inteligencia artificial, la instantaneidad, la soledad en la era digital, el dominio de los productos o virus.

Diagnóstico de daños

Los defectos de la nave Covenant ya los detallamos, pasando principalmente por esta arma de doble filo de decidir cuáles públicos anhela cautivar, a sus seguidores acérrimos y ochenteros; o a las nuevas audiencias digitales, jugándosela por más desastre, sangre y terror. Situación que se traduce en que la mayoría de los personajes no logran encariñar ni siquiera reconocerlos, son un postre más para los xenomorfos que se van tachando uno tras otro. También ciertas escenas forzadas y predecibles, y los mismísimos Xenormofos ya no son razones sólo excusas, sin protagonismo y sello. ¿Los puntos azules? algunos: alzando a Michael Fassbender como el amo y señor de este film, interpretando dos sintéticos con sus diferencias y atractivos. También destacan la propia Waterson, citando más a la teniente Ripley que a la doctora Shawn, importándole más su corazón que la razón; sumándole al comediante Danny McBride que deja los personajes detestables por ser el eterno conductor apañador de las cintas de Alien.  Los efectos especiales y escenas de batalla son otro punto alto, rememorando lo ejecutado analógicamente por James Cameron pero esta vez con todo y maquinaria encima. Reiterando el fundamento sobre la camada de verdades que son develadas, como todo lo que pasa en esta era sin privacidad ni secretos.

En síntesis, Alien Covenant merece una y otra oportunidad, porque no gana simplemente por su nombre, sino porque tiene otro enfoque, ritmo y propuesta. Hay diversión y vorágine, en pos del suspenso y la intimidad. A su vez hay una gran dirección, cosa que esta épocas cuesta hallar en la mezcla “terror + acción”. Y bueno, en Nerdix los riesgos, por confusos inverosímiles que parezcan, son valorados (además de que amamos la saga). Por lo que aquí estamos compuestos y esperando más. Eso sí, quizás como pasó con Blade Runner 2049, con otro director de relevo, porque no sabemos hasta dónde puede llegar la siguiente evolución de Scott. Para bien, o para mal.

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