Hace ya varios meses llegó a mis manos un cuento corto llamado “La historia de tu vida” del norteamericano Ted Chiang. La historia, de alto contenido científico y filosófico, había adquirido notoriedad por la adaptación cinematográfica del mismo cuento  llamada “Arrival”, en la que estaba trabajando Denis Villeneuve, director Canadiense de grandes trabajos como Sicario (2015) y Prisioners (2013). Al terminar de leerlo sólo pude pensar “es imposible que esto se convierta en una película decente”; porque era tan complejo el contenido y tan intrincados  los conceptos que formaban el corazón de la historia, que me parecía difícil transformarlo en un relato visual atractivo,  que mantuviera la calidad del material original. Resultó que estaba totalmente equivocado, porque “Arrival”, no sólo contiene todo lo positivo del material original, sino que le agrega un factor emocional que la convierten en uno de los mejores estrenos de este año y un serio competidor en la temporada de premios que se acerca.

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Louise (Amy Adams) es una filóloga y profesora experta en traducciones e interpretaciones. En una primera escena vemos como “recuerda” la vida junto a su hija desde que es una bebe hasta su adolescencia. Un día, junto con sus alumnos, observan como enormes naves extraterrestres llegan a distintas ciudades del mundo. A los días un grupo de militares llegan a buscar a Louise para que los ayude a traducir el extraño idioma de los extraterrestres. A ella se une Ian (Jeremy Renner), científico especializado en lenguaje matemático. Juntos comienzan a tener contacto con los extraterrestres dentro de la enorme nave que flota sobre los campos de Montana. Poco a poco descifran el idioma escrito de los “Heptapods” (siete piernas) y tratan de establecer comunicación efectiva, antes que los distintos países que alojan las naves tomen decisiones drásticas sobre los nuevos visitantes. A medida que Louise conoce este nuevo idioma, su capacidad cognitiva cambia, y puede ver el mundo, el tiempo y la vida de manera diferente.

Villeneuve y el guionista Eric Heisserer logran trasformar un cuento complejo y altamente académico en una historia accesible y cercana. La llegada de los extraterrestres, los conflictos políticos y militares, y los problemas científicos funcionan como telón de fondo para una historia que tiene más que ver con los sentimientos, y con la manera en que los humanos manejamos nuestra vida. A medida que Louise se interna más y más en el lenguaje de los Heptapods, su paradigma de vida comienza a retorcerse.

Arrival es una de esas películas que puede llevar a engaño al público. Puede confundirse con una película de extraterrestres tipo “Independence Day”, cuando es más cercana a historias como “Contact” o “Signs”, es decir, cintas que utilizan el contacto extraterrestre como excusa para indagar en el factor humano, los sentimientos y la fe.

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La historia está construida con una increíble atención a los detalles, y un uso del espacio y de la luz superlativos. Como ya lo habíamos visto en sus anteriores trabajos Villeneuve une la psicología de sus personajes con el ambiente que los rodea. Las escenas al interior de la nave, junto con la música  de Jóhann Jóhannsson, son sobrecogedoras. Villeneuve suele trabajar sobre la naturaleza, buscando desenmascarar las reales emociones tras duras máscaras como el crimen, el narcotráfico, la familia, y en este caso la ciencia y el espacio. La teoría principal de “Arrival” es la idea que  el mayor viaje posible se realiza a través del lenguaje, y que todo proceso científico y cognitivo termina relacionado con las emociones y la naturaleza humana.

Arrival entrega esa agradable sensación de sorpresa, porque se las arregla para ser delicada y simple, pero increíblemente profunda al mismo momento. Son tantas las interrogantes filosóficas que abre, tanto el espacio de discusión moral que otorga, que es una película que se destila durante horas, días y semanas luego de salir de la sala.

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La película es un 80% Amy Adamas, sobre cuya actuación se cimienta casi toda la historia. Más contenida que en otras cintas (especialmente American Hustle donde es todo excesos), le da matices muy creíbles a una trasformación que es interna, psicológica y emocional.

Tremendamente recomendable, se disfruta de principio a fin como pocas cintas que han llegado a Chile este año. Además es de aquellas que exigen ser vistas más de una vez, porque tiene esa mezcla perfecta entre relato potente y puesta en escena a lo Stanley Kubrick, donde cada encuadre está lleno de contenido. Aconsejable es verla ahora en el cine, porque sólo en pantalla grande puede disfrutarse al máximo.

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