Ansel Elgort era un chico rubio bonito más, de pelis adolescentes románticas como “Bajo la misma estrella” y la saga “Divergente“. Ahí estaba, sonriendo, coqueteando y peinándose el jopo para toda una generación millenial, hasta que Edwar Wright llegó en su simplón Subaru Impresa, puso una canción cool y le dijo desde el volante: “loco, despabila, súbete”. Y todo cambió.

Porque “Baby Driver” es una sensacional sorpresa sobre ruedas acompañada de un soundtrack fenomenal para este 2017, un estreno que alucinó a la crítica gringa por venir cargada de humor, lucidez, acción, tuercas y mucho corazón. Además de este muchacho que saca fichas para rockstar emulando a íconos de su clase “galán-con-cuento” como James Dean, Mel Gibson, Brad Pitt o Ryan Gosling en su tiempo. Junto con ser, en lo personal, la mejor carta para ser Han Solo en su versión lolein, lo dije y qué.

Star Lord motorizado

Suena “Bellbottoms” de The Jon Spencer Blue Explosion en un ipod, sueltas el freno de mano y Baby Driver arranca contando la historia de Baby, jovencito de lentes oscuros que se dedica a conducir a criminales brígidos en sus respectivos robos y atracos. Siempre conduciendo, nunca disparando, menos matando. Siempre con audífonos y un cancionero sesentero en su cabeza, el cual lo evade de una tinnitus o enfermedad auditiva traducida en escuchar un agudo y terrible pitido todo el rato. Por eso el buen Baby no suelta “sus” ipods en ningún momento, situación, suceso o respiro. Para evadirse o magistralmente vivir y manejar sus melodías piloteando algún Chevrolet Avalanche, Dodge Challenger SRT, Mercedes-Benz S550 o cualquier conversación callejera o anécdota de su día. Brillante, a lo Star Lord pero en la Tierra. Todo para alcanzar el dinero de una deuda que lo tiene atado desde su infancia con el big boss o el Doc (Kevin “el crack” Spacey) del negocio delictivo a gran escala. Así va pisteando como un campeón hasta que conoce o su corazón se estrella con la bella y vintage Debora (Lily James), garzona de su cafetería favorita. Sí, lugares comunes miles, pero engranados fina y chorizamente.

Aquí comienza la fiesta, una que muta de géneros cual caja de cambios, pasando de la acción, la comedia hasta el romance. Evocando espíritus de cintas de época o tuercas como “Grease” o la propia “Drive”, con homenajes evidentes y aplaudibles. Ejercicio que te hace subir al auto, escuchar la radio AM y descubrir el hipster flirteo de Baby-Debora, como la pasarella de malo malosos encarnados por grosos como Jamie Foxx, Jon Bernthal, Jon Hamm o la sensual Eiza González. Donde cual banda blusera se orquestan de poco a punta de canciones filetes que marcan los tiempos, estados de ánimo, giros y una vorágine explosiva que suma y suma, teniendo paraderos que sacan carcajadas, suspiros cursis y pelos de punta. Una versión de La La Land juvenil y con pedal a fondo, que sería un excelente comercial de una alianza entre Uber y Spotify, velocidad y ritmo.

El ñoño maduro

¿Y quién es el mecánico de esta joyita popera? Edgar Wright, director y escritor inglés que se sabe por manual la construcción de personajes hilarantes, comedias y acción, con esa trilogía nerd británica que pasó por todos los géneros ochenteros de la TV basura con la dupla de comediantes Simon Pegg y Nick Frost: “Shaun of the Dead”, “Hot Fuzz” y “The World´s End”. Además de su primera incursión gringa con la comiquera y gamer “Scott Pilgrim vs the World”, toda una escuela en un cine rápido, súper mega ñoño y entretenido. Habría sido tan la raja “Ant-man” si es que los de Marvel hubieran captado tu ojo, master.

La cosa es que Baby Driver es la evolución de Wright, ajustando los decibeles y dando revisión técnica de su curriculum para entregar un producto más complejo, maduro y dosificado. El cual si bien aún no da con la perfección de su pasado inglés, si sabe maniobrar en las exigencias de Hollywood, entregándonos un auto sonoro entrañable y potente, con momentos para quedarse tranquilos frente a un mirador, como también en una carrera al más puro estilo “Rápido Furioso” o “Mad Max”. Añadiendo easter eggs de su propia factura y fanaticada cinéfila como un cameo al gracioso Richmond Felicity Avenal de la bacana serie “The IT Crowd”.

Primera, segunda, PLAY

En definitiva las aventuras de Ansel manejando es toda una experiencia visual, musical y cinematográfica. De un montaje sumamente elaborado y virtuoso, cuya pana podría ser el decaer hacia el final al perderse en su narración, dejando al espectador al aire o con un “¿de nuevo esto?”. Algo que sumando y restando no influye en el excelente rato y resultado que verás. Más considerando tiempos donde la industria de las hiper producciones desconocen el hallar la ruta entre buenas historias, buenos personajes y buena taquilla. Te recomiendo escuchar el soundtrack, tanto los temas clásicos como las reversiones de Sky Ferreira (que hace de la mamá de Baby), Danger Mouse, Run The Jewels, Big Boi y Kid Koala. Pon intermitentes, y disfruta.

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