Recuerdo bastante bien el fenómeno que fue “The Blair Witch Project”. Era 1999 y de pronto todo el mundo hablaba sobre el pequeño proyecto independiente de dos egresados de la escuela de cine de Florida, EE.UU ( Daniel Myrick y Eduardo Sánchez). La historia de tres jóvenes que se perdían en los bosques de Meryland, y que eran supuestamente atacados por entidades sobrenaturales, fue absorbida como esponja por la, en esos años, incipiente comunidad online, que propagó el rumor que aquello no era sólo una película, sino un documento real.

Tal fue la expectación que los tres protagonistas debieron mostrarse en la presentación de los premios MTV de ese año para disipar dudas sobre su real paradero.

Más que la historia, el gran logro de “The Blair Witch Project” fue su formato. La cinta consistía en grabaciones amateurs hechas por los mismos protagonistas, cuya calidad disminuía a medida que el miedo y la desesperación avanzaban.

Acostumbrado a películas de terror que basaban su éxito en la destreza visual para crear pesadillas en pantalla (Nightmare on Elm Street, Texas Chainsaw Massacre, The Thing),  esta nueva forma de terror resultó novedosa e increíblemente interesante.  Este estilo es llamado “metraje encontrado” y consiste en grabaciones amateurs encontradas tras la desaparición de los protagonistas. Pero “The Blair Witch Project”no fue la primera en utilizar este estilo; ya en 1980 Ruggero Deodato estrenó “Holacausto Cannibal”, (muy recomendable cinta sobre exploradores devorados por una tribu caníbal) y en 1992 pudimos ver “Man Bites Dog” del francés Rémy Belvaux.

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Si bien “La Bruja de Blair” no fue la primera, sí fue la responsable de popularizar el género y establecerlo como una posibilidad de éxito en taquilla. La cinta generó 284 millones de dólares con un presupuesto de 60 mil.

Vendrían tras ella una serie de cintas del mismo formato; Paranormal Activity (2007), The Last Exorcism (2009) VHS (2012) Troll Hunter(2010), entre otras. Con diferente suerte, este tipo de películas se fue instalando como un indispesable en el género del terror. La misma Bruja de Blair tuvo una secuela llamada “A Book of Shadow, Blair Witch 2” (2000), de calidad tan baja que no vale la pena indagar en ella.

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Ahora llega a Chile “Blair Witch”, nueva entrega de la saga, dirigida por Adam Wingard que se ha ganado cierto espacio en el mundo del terror con “You’re Next” (2011) y “The Guest” (2014).

La historia, que navega entre secuela y remake, se enfoca esta vez en James Donahue, hermano de Heather, una de las desaparecidas en la historia original, quien tiene en sus manos imágenes que cree pueden mostrar a su  hermana. Impulsado por las ganas de encontrarla, se dirige, junto a 3 de sus amigos, a los bosques de Meryland. En el grupo se encuentra Lisa, estudiante de cine que desea grabar la búsqueda de James por su hermana.

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De ahí en adelante las cosas comienzan a ser demasiado similares a la cinta original. El bosque se convierte en un lugar sin salida y la desesperación los invade a medida que son conscientes de su complicada situación. El bosque comienza a manifestarse y extraños sucesos los empujan a los límites de la cordura.

La película mantiene un paso seguro, especialmente porque no pretende inventar nada nuevo en el género del terror. Ocupa de manera eficiente el bosque como un personaje más que perturba y a la vez intriga. La histeria se apodera del grupo a medida que nos acercamos a un final predecible, pero efectivo. La historia pasa por altos y bajos, ya que por espacios captura toda nuestra atención, para luego diluirse entre trucos muy antiguos.

Lamentablemente, debido a que está irremediablemente atada a su exitosa predecesora, “Blair Witch” no logra entregar el mismo nivel de asfixia y pánico. Pretende ser una cinta de “metraje encontrado”, pero su grabación se vuelve por momentos demasiado profesional, y olvidamos que tras la cámara hay un asustado adolescente.

Llega un instante donde la claridad de las imágenes molestas, porque el terror de la cinta original radicaba en aquello que no podíamos ver, aquello que la precariedad de la cinta no podía entregar. A diferencia de la original, la cantidad de cámaras y diferentes tomas, abre el campo de visión y otorga menos espacio a la especulación. Incluso podemos ver tomas generales hechas por un dron. Ahora todo es más limpio y meticulosamente construido, y eso conspira contra la posibilidad de generar real terror en el espectador.

Aquello que más atenta contra “Blair Witch” es su conexión con la cinta original, porque inmediatamente recordamos el nivel de expectación y terror que nos produjo. Las expectativas son muy altas y la recompensa muy escasa. Tal vez si se tratara de una película independiente estaríamos hablando de una entretenida y funcional cinta de terror; pero al igual que sus protagonistas “The Blair Witch” se mete en problemas al enredarse con el pasado.

 

 

 

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