La ganadora de los próximos Oscar a Mejor Película Animación ya está en cartelera. Perdón, no es la ganadora y ni siquiera está nominada aún, pero sin ser Pedro Engel ya pronosticamos que “Coco”, la nueva producción de Disney-Pixar, está dentro de lo más bacán del año y del género. Premonición que viene acompañada de balazos al cielo, explosiones de piñatas de papel maché y gritos mariachis del tipo “¡Ayayayayayy!”. Pues ya la amamos, atesoramos y hacemos nanai.

Dirigida por Lee Unkrich (“Toy Story 3” y co-director de “Buscando a Nemo”, “Toy Story 2” y “Monster Inc.”, una cosa poca) y Adrian Molina (“Un buen dinosaurio”) llega este entrañable film que cuenta las aventuras del pequeño Miguel (Anthony González) en el otro mundo, o específicamente, en el famoso y popular “Día de Muertos” de México. Todo por seguir su sueño y vocación de ser músico, profesión que dentro de su familia es mal vista e incluso ¡maldecida con sangre! pues los canturreos sólo han traído penas y dolor al clan de Mamá Imelda, su tatarabuela.

Pasa en todas las familias

Demás está decir que como en toda obra donde está metida la lamparita Pixar acá te encontrarás con un desborde de calidad técnica, gráfica, digital y estética. Trasladándote a los pueblos del norteamericano país de cuates y burritos, en su esencia y corazón (no por nada en tierras aztecas ya supera los 20 millones de espectadores, desde su estreno en octubre pasado). Sin caer en caricaturas, replicando escenarios, tonos, melodías y lo que a los gringos tanto a veces les cuesta: dar con la chispa y magia latina. Y por lo mismo, demás está decir también que este es un film donde los adultos caemos redonditos en la montaña rusa de sensaciones, somos nosotros y nosotras, los más vejetes, los que más la disfrutamos y aplaudimos, más en este caso, cuando las cuerdas de Miguel y sus amigos muertos, tocan temas como la memoria, la tradición y los que ya no están entre nosotros. Es decir: lagrimón seguro, pero maravilloso.

Porque Coco es una melancólica pero increíble canción que cala hondo, pues nos recuerda a ese familiar que perdimos o estamos prontos a despedir. Bajo una frescura y calidez que encanta, por su nostalgia y gracia. Haciéndote recordar quizás a un abuelo, tía, casa de campo o veraneo, con el folclor y cariño de antaño, de la infancia. Como Miguel y su atolondrado pero fiel perro Dante. Más aún cuando las claves son la cultura mexicana, esa que crío a generaciones con sus películas de Jorge Negrete, Pedro Infante o Libertad Lamarque, de parajes desérticos e historias de pistoleros y doncellas de caracter. O para los más contemporáneos, con las películas de Cantiflas en CHV o el Chavo del 8 en el Mega. No por nada hay referencias al mismísimo Mario Moreno, Frida Khalo o el Santo. Cultura popular pura, a la vena, órale carnal.

Telenovela Animada

Entonces si México y sus raíces sonoras y televisivas son la clave, obviamente en Coco te encontrarás con una suerte de telenovela a lo Televisa, con mucho humor, drama y giros casi del corte “¡Qué haces besando a esa lisiada!”, pero de manera sutil y sin esconder dicha intención. De la mano de personajes sencillos y universales, como el ladino y sufrido Héctor (Gael García, suspiros femeninos y masculinos, ahorita ya güey); el galante y melódico Ernesto de la Cruz (Benjamín Bratt, pero que para la versión español su voz no es nada más ni nada menos que Marco Antonio “nohaynadamásdificilquevivirsinti” Solís) o la estricta y corajuda Mamá Imelda (Alanna Ubach).

Punto interesante también es como la peli desliza solapadamente contextos históricos y actuales de la situación de inmigración en la frontera de México y EE.UU, pero en su analogía del país de los vivos y el de los muertos, jugando con los conceptos de “declarar objetos” y con realidades como los campamentos o poblaciones períficas que hoy por hoy no tienen nada, sin que nadie haga nada por esa gente y comunidades migrantes. Aportando con una pincelada de crítica y zamarreo craneal. Bien ahí, Coco.

Otro de los elementos pilares de la cinta, y que es parte de su identidad y narración, es la música; con baladas, corridos y boleros típicos de charros y cantoras, como la mítica “La Llorona” que inmortalizó la legendaria Chavela Vargas, destacando un soundtrack con puro candor latino clásico y juvenil, donde Natalia Lafourcade interpreta su tema central, “Recuérdame”, algo así como el “Libre soy” de Frozen, pero en nuestra dimensión latinoamericana.

La muerte de fiesta

Importante, y se recalca, es decretar que si bien Coco danza en los mismos terrenos y parajes de esa joyita animada llamada “El libro de la vida” (2014), que contaba con el pana-hermano-compadre de Gael García, don Diego Luna, como protagonista; ambas son excluyentemente diferentes y tremendas. Pues a pesar de tener la figura de la música y el mundo de los muertos mexicanos como contexto, Coco corre por los caminos de la búsqueda y reconocimiento del amor familiar, en cambio su colega, era una novela romántica, un trío amoroso. Ejercicio que sitúa a la producción de Disney-Pixar por sobre otros films que indagan la fuerte temática de “la muerte” para los espectadores infantiles, como “El cadáver de la novia”, “Paranorman”, “Todos los perritos se van al cielo” o “Kubo, la leyenda del samurai”; pero de una forma más cercana, palpable, colorida y risueña. Es decir, plantear el fin de la vida como otra etapa de esta misma, sin miedo, abrazándola y recordando, cada día, pues ese es el mensaje central de Coco: EL NO OLVIDAR.

Cerrando, Coco se alista al tope del grupo de las cintas Disney-Pixar, junto con Moana, Grandes Héroes y Frozen; ofreciéndonos una fábula de catrinas, cantores, bestias mitológicas y familias que nos harán reír, tararear, y por sobre todo, recontra emocionar. Así que si no te avergüenza llorar en la butaca, cruza la frontera hacia la tierra de los muertos.

Si quieres saber y opinar más de Coco, mira el especial que hicimos en LOS PELIPARLANTES:

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