Es verdad que al principio puedes hacer una mueca y fruncir el ceño, “Mmm..¿esto es una copia de “Stranger Things“?, porque así la vendieron en los medios y porque sí, digámoslo, hay elementos como cabrochicos desaparecidos en el bosque, bicicletas, las luces titilantes, una fábrica y laboratorio medio siniestro, reseñas a los 80 y frases del tipo “Prometo encontrar a su hijo” o “En Winden (reemplazar por Hawkins) nunca ha pasado nada”, ¡pero!, en lo personal, creo que fueron meramente herramientas cosméticas para enganchar a los espectadores y homenajear a la exitosa serie gringa de los Hermanos Duffer, que por lo demás, al igual que “Dark“, también es creación de la maravillosa casa Netflix (¿mejor descubrimiento del siglo?). Pues esto es una suerte de eco, o muy en la onda de la serie, otra dimensión de las aventuras Eleven y compañía. Una muy, pero muy, distinta, densa y sórdida; que no le tema a mostrar niños ensangrentados o piiior.

Sin lugar para los débiles

La cosa es que las comparaciones y reseñas después del tercer episodio se olvidan, chao, pa´la casa, y de frentón entras en esta experiencia que angustia, atrapa y tiene vida propia. Y lo mejor aún, en un lenguaje y estilo del cual no estamos muy acostumbrados: el thriller-horror-drama europeo, y en este particular caso, el alemán (de hecho hay que estar súper atenti a los subtítulos), teniendo a Baran bo Odar como artífice y creador de esta turbia telenovela. Una que deja las penurias locales de “Perdona nuestros pecados” o “Irreversible” (a.k.a Mea Culpa 2.0) como verdaderas fábulas infantiles y simplonas. Porque “Dark” no podía tener un mejor nombre, calando oscuridad y niebla en toda su historia y personajes, dejando espacios nulos para el humor y el reposo. Si encuentran tres chistes en toda la temporada, avísenme, por fa.

Estamos en el 2019, en la desolada y fría ciudad de Winden, Alemania. Con una escuela conmocionada por la desaparición de un adolescente, y por un sinfín de líos familiares, románticos y criminales en todas las voces que lo habitan. Donde están metidos abuelos, padres e hijos; infidelidades, una pieza, drogas, un suicidio, un cura y un extraño fenómeno sobrenatural de aves y ovejas muertas, la repetición del número 33, una fábrica nuclear a punto de cerrar y los vestigios del desastre de Chernobyl. Algo piola. Y lo más interesante, con una caverna que esconde un secreto sobrenatural y es locación de muchas de las atrocidades y pecadillos del pueblo. Afírmate.

Déjame Entrar

Entonces si hablamos de referencias la fiesta es interminable, sobre todo en los campos de la ciencia ficción y la construcción coral de su narrativa dramática, con un tufillo a “LOST”, a “Looper”, “Magnolia”, “Donnie Darko”, a la increíble, densa y también nórdica “Déjame entrar”; inclusive a “Volver al Futuro” o “Doctor Who”; por rozar temas y pilares de la ciencia ficción con otras dimensiones o viajes en el tiempo. Pero también hay un guiño a “Hostal” o “Millenium”. Es decir, mezclando portales, al doc Brown, detectives conflictuados, depresivos adolescentes, leyes físicas y un puzzle argumental que casi requiere lápiz y papel en mano para no perderse y relacionar la cantidad de personajes y conexiones que presenta la serie.

La escuela germana

Sus puntos altos van por la ambientación y las actuaciones que de verdad están en otro level; hay una fotografía exquisita que aboga por los planos aéreos con bosques en neblina y parajes silentes; todo apoyado en una musicalización sofocante y repetitiva, de ritmos que saturan y que si bien a veces están demás, funcionan con el pulso dramático del cuento. Con cada capítulo descifrando un personaje, un momento y bajo una fórmula donde cada cierre de episodio hay una gran verdad acompañada de una canción (presumo de una banda o artista famoso de Alemania) muy del corte videoclip de Radiohead. Por lo que se aprecia una apuesta y un sello en esta serie, que se la juega por los tonos apaciguados y los silencios; junto con tocar temas de la historia y cicatrices de esta parte del mundo, como lo fue Chernobyl y sus estructuras de poder de fondo. Todo mateo, pulcro, muy de escuela estética y cinematográfica germana.

Destaco las actuaciones del detective Ulrich Nielsen (Oliver Masucci), Charlotte (Karoline Eichhorn) su jefa y del atribulado Jonas (Louis Hoffman) o el joven del impermeable amarillo de las promos. Aunque en realidad todos los integrantes de este tórrido Springfield o Gravity Falls andan muy bien. ¿Puntos débiles? cosillas de guión, con pequeños cabos sueltos que quedan al aire y te preguntas “Yaaa..¿pero cómo no hizo eso antes?”; detalles que al final no ensucian el avanzar de la trama.

Cerrando la puerta, sólo queda agregar que “Dark” se alista en lo que podríamos llamar “La trilogía oscura de Netflix 2017”, particularmente de fin de año, junto a las cuáticas y potentes “The Sinner” y “Mindhunter“.

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