¿Es posible seguir filmando historias de exorcistas? Después de tantos y tan variados ejemplos de este tipo de películas, ¿Se sigue justificando tener en nuestras salas, cada temporada, una nueva historia de exorcismos, el diablo y cabezas volteadas? El gran problema es que la vara está muy alta. “El Exorcista”  de 1973 no es sólo la mejor película de este género, es una de las mejoras obras cinematográficas de la historia. Cinco años antes se estrenaba “The Rosemary Baby” de Roman Polanski, otra obra maestra del cine de terror.  Con los años se han estrenado varias cintas que intentan repetir el tema de las posesiones demoniacas; “The Exorcism of Emily Rose” (2005), “The Last Exorcism” (2010), y “The Exorcist III” (1990), son las más destacadas.

Con una historia tantas veces contada, es complejo que una nueva película pueda volver a mostrar un exorcismo que no remita especialmente a la película de 1973.

En 2016 el director Kelvin Tong (The Maid, Rule N1) enfrenta el desafío y filma otra película de exorcistas , intentando mantener el nivel y darle un giro novedoso a la historia. Tarea tal vez demasiado difícil para el director singapurense.

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The Faith of Anna Waters” o “El Exorcismo de Anna Waters” como se llama en Chile, cuenta la historia de Jaime Waters (Elizabeth Rice), periodista nortemericana, que recibe la noticia del suicidio de su hermana Anna. Por esto debe viajar a Singapur donde su hermana vivía con su hija adolescente. Pero rápidamente la muerte de Anna Waters demuestra no ser un simple suicidio, sino un acto impulsado por el mismísimo demonio. En paralelo nos cuenta la historia del Padre James de Silva (Colin Borgonon), quien investiga extraños ataques de hackers demoníacos (exacto, como lo escucha) que predicen la llegada de “Leviathan” al mundo.

 

La película es extraña de principio a fin. Las actuaciones son de nivel de obra escolar, el guión no tiene sentido y las historias se juntan de la manera más ridícula y forzada posible. Los efectos especiales provocan más risa que miedo, especialmente la aparición del demonio.

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Intenta interesarnos con la fábula de la torre de babel, y su símil con la creación de nuevos idiomas numéricos usados en internet; mientras desarrolla la historia de una casa embrujada por espíritus de habitantes anteriores y sacrificios demoníacos. Como último condimento agrega la historia de posesión y el cura que lucha contra el demonio.  Todo es nombrado, pero nada tiene sentido, especialmente cuando las historias se entrecruzan.

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Como es lógico, la guinda de la torta debería ser la escena del exorcismo, pero la película sólo se dedica a repetir de manera pobre los métodos de la cinta de 1973.  Por momentos todo el conjunto parece ser el trabajo de estudiantes de primer año de cine que ingirieron altas cantidades de alucinógenos, y se toparon con una reproducción de “The Exorcist” en el cable.

Esta es una de aquellas cintas que tienen tan pero tan poco sentido, y son tan pobres en absolutamente todos sus niveles, que analizarla a nivel psicológico o filosófico resulta imposible. Pero debo reconocer que, dada la total falta de coherencia en la historia y la terrible calidad de las actuaciones, comencé a disfrutarla a nivel cuasi-humorístico, aunque ésta no fuera su intención.

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Extraño es que las salas en Chile le hayan dado espacio a esta película, que tiene todas las características para pasar directamente al DVD. “The Faith of Anna Waters” pretendía subir una montaña muy alta para alcanzar el nivel de las grandes historias de exorcistas en el cine, pero no llega ni a la primera subida antes de desplomarse de manera rotunda.

 

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