La historia es ésta; Newton Knight ( Matthew McConaughey , Dallas Buyers Club, Mud, Interstellar) es un enfermero del sur de los Estados Unidos. Peleando en el bando confederado en la Guerra de Secesión, ve como su sobrino muere en batalla y decide desertar, con el riesgo que ello conlleva. De vuelta en su hogar en el  Condado de Jones, Knight se reúne con su esposa e hijo, y comienza a ser perseguido. En alianza con otros desertores y esclavos negros que han escapado de sus patrones, Knight decide comenzar a formar su propio estado dentro de un estado, e imponer sus propias reglas sobre el humanismo, la economía y la libertad.

Me parecía extraño que una película como “Free State of Jones” llegara a Chile. Es de esas películas que suelen pasar directo a DVD. Más allá del gancho que significa tener como protagonista a Matthew McConaughey, la historia se escuchaba un tanto lejana al público chileno, demasiado interna y mínima dentro de una ya poco conocida Guerra de Secesión de los EE.UU.

 

Grande fue mi sorpresa al darme cuenta que “Free State of Jones” es una inteligente cinta que logra ocupar el contexto de la guerra en EE.UU, para tratar temas mucho más universales.

Desde el momento que Knight decide dejar el ejército y pasar a la clandestinidad, comprende que tanta muerte y sufrimiento respondía netamente a intereses económicos y empresariales de los acaudalados dueños del sur de los EE.UU. Ingenuos, los rebeldes esperan ayuda desde el bando contrario, La Unión, para chocar con la realidad que a nadie importa un grupo de negros y desertores.

Decepcionado, Knight decide que la única libertad real reside en la creación de un estado nuevo, un estado libre. Imbuido por un profundo espíritu humanista, pretende crear una utopía donde los negros dejen de ser esclavos, donde los hombres compartan su dinero, donde nadie tenga más que su vecino, y donde todos puedan vivir en comunidad.

Pero como la historia se ha cansado de demostrar, de las maneras más violentas posibles, es muy complejo que un proyecto como este, por bien intencionado que sea, sobreviva a las presiones exteriores. Este proto-socialismo del “Estado Libre de Jones” choca con la realidad de los hombres, llenos de defectos, susceptibles a las tentaciones y a las soluciones fáciles. Pero especialmente se enfrenta con una maquinaria económica que nadie tiene la real intención de detener, guerra o no guerra.

De pronto una película que, en el papel, era una historia menor y muy local, se trasforma en una perfecta analogía de una serie de experimentos de nación que han sucumbido a presiones externas e internas. Basta con revisar la historia de América Latina para recordar grandes proyectos sociales y políticos que terminaron de manera desastrosa, porque decidieron oponerse al sistema económico imperante.

 

Las primeras escenas, de la batalla de Corinth, prometen una historia cargada de acción y brutalidad. Por momentos rememora, en menor escala, los primero minutos de “Saving Private Ryan”, por la atención a los detalles físicos de la batalla. Pero poco a poco la película toma un giro y comienza a transformarse en un batalla psicológica de sus personajes por encontrar su lugar dentro de todo este tremendo lío que significa la guerra.

Pero las armas responden, que duda cabe, a intereses económicos; y los soldados muertos en batalla no son diferentes a los esclavos negros en las plantaciones de algodón. De manera muy inteligente la historia crea este paralelo, y pretende re-definir el significado de esclavitud. El proyecto de Knight integra a toda raza porque frente al poder del dinero, todos son exactamente igual de dispensables.

El problema es que, a medida que nos adentramos en sus  140 minutos, la historia se pone demasiado espesa, demasiado moralista. Fija una clara línea entre villanos y héroes, sin dejar mucho espacio para los grises. Muchos personajes son malvados y no comprendemos del todo el porque de esa intrincada maldad, mientras que los héroes están bien construidos y sus constantes debates morales ayudan a entender sus motivaciones.

Esta es la parte más débil de la historia, tal vez porque su director y guionista Gary Ross (Seabiscuit) está tan interesado en un sólo un  lado de la historia, que lo demás pasa a ser sólo un complemento.

Si nos enfocamos sólo en Knight y sus debates morales, éticos y filosóficos, entonces tenemos una película muy interesante, capáz de conectar con audiencias en cualquier parte del mundo.

Mención aparte para la actuación de Gugu Mbatha-Raw (Belle) y Mahershala Ali (House of Cards), dos esclavos que se unen a la iniciativa de Knight. Ambos dan rostro al profundo problema de la esclavitud en la post-guerra, donde los esclavos recientemente liberados debían vivir en un mundo ajeno y extremadamente violento. Ambos no pertenecían a ningún espacio social porque antes de su liberación simplemente no existían como seres humanos.

No perfecta, pero si muy interesante, “Free State of Jones” no es un Blockbuster ni nada parecido. Se posiciona en la vereda de las películas menores que prefieren hacernos pensar antes que simplemente entretenernos. Por esto justifica con creces el dinero de las entradas.

 

 

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