“Si necesito pensar en una madre que se mueve en el mundo real, pienso en mi abuela. Gordita, canosa, tan lejos de la tenista alba. La veo de espaldas moviéndose frenética, mientras hago las tareas en la mesa de la cocina. Con una mano revuelve la olla, con el pie cierra un cajón, entre el hombro y la oreja afirma el teléfono inalámbrico por el que comenta las últimas escenas de la teleserie y cada tanto interrumpe todo por un segundo para darse vuelta y decirme que me concentre. Sí, mi madre es mi abuela. Bueno, era mi abuela. Mañana es su funeral.”

Camila tiene 15 años y acaba de perder a su abuela, su único familiar vivo conocido hasta ahora. Era una de las tantas “hijas de sus abuelos”, que circulan orgullosamente por nuestro país, y que en este libro de Carmen Gloria López, deberá cruzar Chile en busca de su papá biológico, o de alguien que le ayude a no terminar en el Sename.

Al principio me costó enganchar con Camila, la encontraba un poco zorrona, pero como ella bien dice es una “vieja chica”. Criada por sus abuelos luego de que su mamá muriera producto de un aneurisma, esta niña adopta los modos de quienes hasta ese entonces la rodeaban, palabras rebuscadas, conceptos y lógicas no propias de su edad, la distancian un poco de sus compañeras y la sacan de este estereotipo frívolo de la adolescente cuica, para enfrentarla a una realidad transversal: el abandono.

Fugitiva de los Estereotipos

Como dije en un principio, Camila aparece como una chiquilla más bien acomodada, que tiene una tarjeta con plata, lucas en efectivo y la lucidez de poder viajar por Chile buscando a alguien que no conoce, sin embargo cae en las trampas de quien sólo tiene una visión teórica de las cosas, y eso, mezclado con las anécdotas familiares de quien ha tenido una relación cercana con sus abuelos, hacen el libro mucho más ameno. Camila realizará uno de estos viajes típicos de las películas gringas, en carretera y con un nivel altísimo de reflexiones. Sólo que ella lo hará en bus, avión y por Chile. En su viaje descubrirá cosas relativas no sólo a su mamá y a sus abuelos, sino que también a sí misma. Sus amigas, las “familias de revista”, todo lo que alguna vez sintió que envidiaba o no le interesaba aparecerá ante ella en su verdadera forma.

“No dramatizo nada, no es broma. Soy huérfana y menor de edad ¿Sabes adónde van a parar los huérfanos menores de edad? A un orfanato. ¿Y qué nombre tiene el orfanato más conocido? Sename: Servicio Nacional de Menores. Ahí me voy a ir, con los que roban en el centro, con los hijos de drogadicto, al hogar de huerfanitos como el de esa película. Con esos que salen en la tele con la cabeza escondida dentro del polerón… donde se murió esa niñita de un infarto el otro día. ¡De un infarto a los once años!” 

Fugitiva te entrega una historia, pero también abre lugar a la crítica, a no desconocer la realidad de los servicios públicos, y la imagen que generan. Camila es fugitiva de un sistema que no funciona, que no le gusta, que la obliga a esa situación movida únicamente por el miedo a formar parte de esa cifra desconocida de historias destruidas por una mala gestión en las políticas públicas.

Pero además del Sename, Camila deberá lidiar con otros enemigos tanto o más poderosos: el riesgo y el peligro de ser una mujer joven, una niña viajando sola, y a merced del daño incluso de quien parece de suma confianza. Pero en esos momentos aparece siempre algo que es súper típico de Chile: la solidaridad.

La novela “Fugitiva” de Carmen Gloria López es una de esas historias que logra ser actual sin mirar para el lado frente a una realidad país. Sin duda no puedo dejar de recomendarlo, porque me gustó, me gustó la manera en que Camila concilia los recuerdos de sus abuelos, la manera en que contesta lo que le parece tonto, los errores que comete. La gente que conoce que le enseña lecciones valiosas, y poder verla como un personaje que crece, madura, se derrumba y se levanta, y que no sólo contempla realidades tristes, sino que presencia voluntades extremas, y amor de la gente sencilla.

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