Anton Yelchin abre los ojos, despierta, aturdido, al parecer su furgón chocó con un campo de maíz y trigo, hay una brisa tenue, pura serenidad, por ahora. Así comienza “Green Room” (cual ironía de la vida y el cine), la última película del joven actor ruso fallecido en un accidente automovilístico hace unas semanas, ese que fue Chekov en la nueva saga “Star Trek” y el papá de John Connor en “Terminator: Salvation”. Un nerd de los nuestros. Y que nos deja con este notable proyecto independiente dirigido por Jeremy Saulnier como despedida, truculenta despedida, acreedora de muy buenas críticas, posteos en facebook y aplausos en el Festival de Cine Fantástico de Sitges 2015. No es terror, es drama sangriento, o thriller semi-gore, no sé, o ese sub género que ofrece a grupos de jóvenes siendo asesinados o torturados por un algo mayor o desconocido, donde lo que importa son las vísceras, desmembramiento y quién chuzzz se salvará o vengará con cuática. Aquí entra “Green Room”, pero con calidad, presencia y una vibra y luz sepia, oscura y alternativa que encanta, calma y también agobia. Pero lo más terrible, que efectivamente por su cariz y enfoque podría dejar la ficción y realmente pasar.

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¿Puede salir algo mal de una película donde se hable de Minor Threat, Misfits, suene un cover de “Nazi punk fuck off!” de Dead Kennedys y los protagonistas sean una banda de hardocore punk? Si fuiste en los 90 o 2000´s a tocatas por los circuitos de San Diego, Patronato, La Florida, Valpo, Conce y cuanta periferia, no. Si slameaste en un barsucho chico, pero repleto de eufóricos amigos y amigas cheleros, menos; o si ibas al colegio en micro con bototos, parches en tu mochila y querías cambiar lo incambiable, esta es tu frecuencia.

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No alegre, sino triste y mortal. Desde esa nostalgia y atmósfera, llena de memorables citas musicales y cinéfilas (“The Shining” y el auto entrando en las cumbres nevadas y boscosas), este filme recrea una escena que aquí o donde sea existe, gritando: El punk es universal, el odio y la sobrevivencia, también.

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The Ain´t Rights son cuatro amigos que tienen un grupo de hardcore punk en estos tiempos (por raro que suene); no les interesan las redes sociales, sólo recorrer el país en busca de una que otra tocata, ya sea en una cafetería provinciana o, en este caso lamentablemente, en un misterioso galpón en medio de un gélido bosque. Pat (Yelchin) es el basjita y más piola del team, Tiger (Callum Turner) el histriónico vocalista, muy a lo John Lydon de Sex Pistols; Reece (Joe Cole) el iracundo y anárquico batero; y Sam (Alia Shawcat, la morena crespa de comedias indies como “Ruby Sparks” o “Do the list”) es la guitarrista que dota ternura y razón a esta hermandad. Como que no quiere la cosa llegan a un galpón en la precordillera gringa para telonear, nadie los conoce, hay neonazis o una suerte de nuevo brazo social de estos, y de mala suerte estos cabros son testigos de un asesinato en uno de los camarines. Se encierran, llaman a la policía, pero obviamente los “encargados” del recinto quieren imponer el orden y limpiar lo ocurrido. Desde esta pieza, mínima, inocente, desarmada, contra toda una disco repleta de “cordones rojos” con pitbulls, escopetas y machetes, camina “Green Room”. ¡Ah! y con Patrick Stewart en el rol de Darcy o el dueño de este local y movimiento de rapados que algo ocultan, y no quieren que salga a la luz. Sí, es como si el Profesor X fuera en verdad Profesor Z y sus mutantes son calvos sanguinarios y sesgados que lo adoran y dejan que laven sus cerebros. Con un temple despreciable, cabrón, replicando la perso y horror de un Walter White (o Heisenberg, en verdad) de “Breaking Bad”, como nunca antes habías visto al amigo de Magneto. Convengamos además que es maravillosa e increíblemente ñoño ver a a un maléfico Capitán Jean-Luc Picard (Stewart) contra el bueno Chejov (Yelchin) peleando, una suerte de realidad alternativa de Star Trek.

tumblr_o9htpeLQvT1upazamo5_r1_400tumblr_o9ukcfplly1tp2fmwo3_250

tumblr_o9vd43OgOF1sgaqfho7_r1_400Hay cortes de yugular, balazos, sesos voladores, pero no importan, no es sólo sangre por sangre, aquí todo va en el ritmo, la desesperación y el excelente trabajo narrativo e incluso fotográfico (¡hay muertes lindas, lindas!), siempre decorado sonoramente por micrófonos acoplados y una melodía rock and roll. Que penosamente es sumamente real , evocando cuanto asesinato por raza u orientación que rodea las noticias en la actualidad. Una habitación verde, lúgubre y este grupete de punkrockers que quiere sobrevivir frente a la tórrida voz de Stewart y su clan, armando planes y navajas hechizas. Cámaras lentas, silencios, pulentas actuaciones (también están Mark Webber, el cantante de los Sex Bom-omb en “Scott Pillgrim vs The World” y la bella Imogen Poots, la rubia de ojos grandes azules que sale en “28 days later” y “Filth”) y una historia inteligente hacen de esta cinta un interesante ejercicio y sustancia lumínica en el género, alejándose de productos insulsos y muertos que hay por doquier en Netlfix o en las carteleras. Una carta y canción segura, directa, como una patada o un botellazo en pleno concierto que impacta, duele, cicatriza y se recuerda.

 

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