Dos años “y algo” tuvieron que pasar para que la secuela de ‘Kingsman: Servicio Secreto‘ llegara a nuestros cines nacionales (wow). Ahora, la adaptación de la obra original de Mark Millar vuelve bullendo acción, emoción y mucho humor en una historia inagotable de agentes británicos luchando por la paz mundial.

 

Las cosas se pusieron brígidas

Por si no lo recuerdan la primera parte nos introducía a este mundo de agentes secretos, entrenados bajo la agencia KINGSMAN: una poderosa organización en donde Harry Hart (Colin Firth) se encargó de formar a Eggsy (Taron Egerton) como el nuevo recluta destinado a ser una verdadera máquina de lucha y elegancia. La gracia estaba en que Eggsy no era precisamente un cabro refinado, por lo que esa mezcla “callejera” y el “pituquismo” británico (acabo de inventar esa palabra) típico de la clase real de Gran Bretaña, hizo de él una especie única como espía.

Ya habiendo superado la gran amenaza mundial de la primera parte con el villano Valentine (Samuel L. Jackson), el desafío de esta segunda parte por por sobrevivir a la destrucción de la agencia, y luego, por derrotar a la nueva y excéntrica villana Poppy (la siempre guapa Julianne Moore), una mujer que a través de unas drogas químicamente alteradas planea poner de rodillas al mundo entero y a un estúpido presidente norteamericano. Mira tú que coincidencia.

En esta película sin duda estamos frente a una amenaza mucho más grande que en la primera parte, y Eggsy (ahora como un agente de tomo y lomo) saca provecho de todas las armas y habilidades para hacer frente a los enemigos de la película.

En ese sentido y en muchos otros, lo mejor de la película es la acción imparable que hay de principio a fin, donde los movimientos de cámara dirigidos por Matthew Vaughn (director de las dos ‘Kingsman‘ y de ‘Kick-Ass‘) dejan claro que él sabe exactamente lo que nosotros como fans queremos ver. Y loco, sorprende mucho. De verdad.

Nuevos amigos / nuevos enemigos

Como que en cierto modo da lo mismo quien sea el enemigo en estas películas, puesto que el bien y el mal es súper evidente y no requiere mayor explicación que incluir a héroes bacánes y villanos perversos. Pero lo interesante es que los personajes de las obras de Millar consiguen la genialidad por tener cualidades súper locas (entre astutas y clichés del tipo James Bond). Ahí es donde –además de Poppy (que gran nombre para una villana jefa xd)– está nuestro compatriota Pedro Pascal (‘Narcos‘) encarnando a Whiskey; un vaquero con lazo que vendría siendo parte de la agencia “prima” de Kingsman, sólo que en vez de una sastrería, su “tapadera” oficial es una reserva de alcoholes llamada Statesman, liderada y comandada por Champán (¡grande Jeff Bridges!).

Cabe mencionar que Whiskey se roba la película en varias partes, sobre todo en aquellas que muestra sus cartas bajo la manga y hace uso de su lazo con total esplendor.

Eso me recuerda que el loco pareciera peinarse con las armas que no son de fuego. En ‘Game of Thrones‘, por ejemplo, usaba la lanza como buen espartano y aquí en Kingsman se mueve como Indiana Jones (mejor aun diría yo). TKM pedrito.

Hasta ahí los semi-spoilers, porque prefiero que el resto lo descubran ustedes mismos viendo ‘Kingsman: El Círculo Dorado‘. Lo que si tienen que saber es que a diferencia de la otra película aquí van a encontrar personajes y cameos mucho mejor elaborados que en la primera parte. Incluso hay algunos que los van a dejar locos, solo porque sí.

Como dije “más arriba”, esta es una película en que se saca provecho a full de la acción y las escenas de combates. Más todavía cuando el universo de la historia se abre mucho más hacia otros países donde la “labor de ser espía”, pasa por cualquier aptitud menos por ser un gentleman.

De igual manera, esta película evoluciona y no queda como el “típico relleno” que hay en una trilogía. Me refiero a que muchos de los personajes que vimos desfilar en la primera película aquí van a encontrar un nuevo camino, o definitivamente van a estirar la pata. Siempre en un halo de brutal honestidad, y por qué no, también de humor.

Vayan a verla porque es una película frenética a cagar. Se pasa de lista, y uno sale de la función con el corazón contento de tanta entretención. Yo por lo menos, no logro encontrarle nada malito, así que estaría de más inventarles una excusa para no ir a verla porque en mi cabeza escucho grillos.

Un siete (con anotación positiva) para ‘Kingsman: El Círculo Dorado‘ traída para nosotros por los amigos de Fox-Warner Chile.

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