Finalmente sucedió. Llegó el día (la noche en realidad) y fuimos huéspedes de la versión en carne y hueso del clásico de Disney La Bella y La Bestia, pero ¿qué pasó en esa sala? No les voy a contar todo, pero sí les puedo dar una idea de por qué creo que es necesario verla, y sobre todo poner atención a lo que podría ser la nueva manera de Disney de hacer películas.

Mezclemos Nuestros Colores…

Una de las cosas que más llaman la atención en esta y otras películas de la franquicia (sobre todo con Star Wars), es este afán de Disney por ampliar el universo étnico de sus personajes y lo cierto es que no molesta. Numerosos roles sobre todo afroamericanos, latinos, o de habla hispana, dispuestos sutilmente en entrañables personalidades, la vuelven aún una mejor experiencia,  y la sacan un poco del cliché. Es cierto, por guardar similitudes con la película el cast principal sigue siendo prácticamente todo europeo, pero vamos avanzando…

Es lo Mismo, pero No es Igual 

Los guiones adaptados, ya sean libros, cómics o remakes de otras películas, tienen la pesada carga del spoiler tácito: Todos sabemos de qué se trata la historia. Todos sabemos en qué termina. Y claro, esperamos que sea lo más leal posible a esa primera idea. El gran problema con las películas infantiles, es que el recuerdo que tenemos tiene una carga emotiva tan grande, que hace que la tarea de ofrecer un buen producto sea más un desafío que no todos consiguen llevar a cabo, o que no todos tienen el valor de aceptar, ofreciendo muchas veces películas “correctas”, temerosas de los fans. Este NO es el caso. La cinta recrea muchos momentos clásicos de su versión animada, y no hablo sólo de las canciones. Existen diálogos y momentos que -de verdad- hacen que se te ponga la piel de gallina (incluso si la ven en inglés, se darán cuenta de que el subtítulo de las canciones, es el texto de la película animada, y es bakan, es como un karaoke mental), pero no siempre están en el orden en que uno las recuerda o se vinculan a hechos distintos a los que conocíamos, dejándonos con la sensación de que de verdad no sabemos cuánto falta para que termine.

Canciones nuevas, personajes más profundizados e incluso un artefacto nuevo, hacen que se mezcle la emoción de la nostalgia con el placer de ver una nueva y respetuosa propuesta.

Es una Película de Amor 

Sí, es una película de amor. Y se centra en este sentimiento para conectar todas sus historias. No es sólo la historia de amor de Bella (Emma Watson) y esta atormentada Bestia (Dan Stevens), con las intervenciones insidiosas de Gastón (Luke Evans) y su inseparable Lefou (Josh Gad), sino que es la historia  de Maurice, de la madre de Bella, de los padres de la Bestia, de los objetos del castillo y de la manera en la que a través del amor se sellan estas relaciones. Lo que decimos y no decimos por proteger a los que amamos, el consentir a otros para recuperar a ese ser dulce que se perdió luego de un trauma. La admiración ante el encanto de otro, la desilusión y la caída de las expectativas para finalmente elegir hacer lo correcto. La película aporta amor prácticamente en todas sus formas, pero hay que verla con la mente despejada, libre de prejuicios. Ah, no, es que Bella es una princesa Disney/ Se me cayó la Emma Watson por tomar este papel, Sí, lo es, pero también era una chica atormentada por ser considerada diferente, por tener preferencias menos frívolas y querer vivir una vida más emocionante. Esa persona, que hemos sido muchos de nosotros, decide embarcarse en una aventura, respetándose a sí misma y a su esencia (porque Bella nunca deja de ser y comportarse como una heroína. Toma decisiones, actúa en función de sus principios y se niega a ir contra sus convicciones), y eso la convierte en princesa. Y Emma Watson pudo transmitir esa intencionalidad de Bella sin perderse en el cliché, ese ser genuino y aventurero. Es que es una mina con síndrome de Estocolmo que se enamora de su captor… cuando Bella toma el lugar de su padre, que es encerrado por robar, toma el carácter de prisionera y así puede permanecer en el castillo. Ella no es libre, pero no se siente esclava ni cautiva, de hecho hace lo que quiere. Él la “libera”, pero ella siempre pudo irse. De repente hay cosas que no deben tomarse tan a pecho en estas historias para así disfrutarlas.

La película habla también de amor sin género, con un personaje homosexual. Pero si nos ponemos a pensar, es la historia de una chiquilla que es discriminada por no seguir los estándares de su pueblo de mente pequeña, se encuentra con un compadre atrapado en sus tribulaciones, se enamora de él y ambos son felices porque son diferentes. La verdad es que La Bella y La Bestia era bien adelantada a su época, y con un mensaje romántico, que de verdad no tiene nada de malo.

¿Mi opinión como fan? Salí del cine llorando, dejé pasar unos días, vi la versión animada… ¡y todavía le hago un queque del sabor que me pida, película maravillosa!

¿Objetivamente hablando? La Bella y la Bestia está súper bien armada, las canciones son en su mayoría un gusto, y visualmente es un deleite. Vale la pena verla en el cine, en inglés, en español, en 3D, 4DX, 2D, pero sobre todo vale la pena verla. Reencantémonos con las princesas, con el amor romántico, con las tazas que hablan y con los villanos de caricatura.

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