En una época en que uno piensa que ya se ha hecho de todo relacionado a ‘Star Wars’, llega ‘Rogue One’ a dejar la patá con un mensaje simple, y sin necesidad de incluir Jedis ó grandes revelaciones familiares. Aquí la cosa es distinta, un relato que está construido por todas esas cosas que siempre quisimos ver, pero que nunca se nos permitió conocer.

Las rebeliones se construyen con esperanza

Si el año pasado disfrutamos de manera intensa con ‘El Despertar de la fuerza’, este año tenemos una pausa en la línea troncal para homenajear a héroes que nunca conocimos en la primera trilogía, pero ahora con los recursos visuales que Lucas no tuvo en su momento (épa!) podemos disfrutar a concho.

Por ejemplo, en ‘Rogue One’ sin duda lo que más se disfruta es el despliegue de efectos especiales en una –ahora sí– guerra de las galaxias; miles de naves cortando el aire, campos de fuerza imperiales, AT-AT aplastándolo todo, muchas explosiones y combates cuerpo-a-cuerpo entre rebeldes y stormtroopers. Aquí todo es guerrilla y sin duda podría ser considerada una de las batallas más entretenidas de toda la saga de Star Wars, incluso me atrevería a decir que es mucho más hardcore que Las Guerras Clon, ó la batalla final en episodio VI.

Además de eso, la película sirve como un complemento para todas esas cosillas que nunca pudimos explicar sobre la Estrella de la Muerte, y nos muestra parajes planetarios que faltaban por explorar. Así es ‘Rogue One’, novedad tras novedad, con pinceladas para los fanáticos, y lo suficientemente atractiva para las nuevas generaciones que engancharon con el episodio VII.

Luke no fue el único héroe

Jyn Erso, una chica común y corriente como nosotros, parte de una misión rebelde que la involucra a un nivel emocional, tanto y más que un auténtico caballero Jedi. Ahí está Felicity Jones (tan linda ella) que cumple todas las expectativas, y que como suele pasar en SW se vuelve un personaje terriblemente adorable, una heroína de tomo y lomo que lleva la batuta todo el rato con una mezcla de dulzura y terquedad. En ella hay sentimientos encontrados; por un lado está la misión a la que fue encomendada, y por otro está su viaje personal (y emocional) al reencontrarse con su último lazo afectivo familiar. Para ella, es momento de tomar decisiones que podrían cambiar su vida, y en el camino va construyendo relaciones que la motivan a seguir adelante.

Hay otros personajes, cada uno con una personalidad que se nos hace conocida en este universo intergaláctico. Cassian (Diego Luna), Galen Erso (el Dios Mads Mikkelsen), K-2SO (Alan Tudik), Saw Gerrera (Forest Whitaker), Chirrut (Donnie Yen) y Baze (Jiang Wen) aportan sabiduría y una gama de personalidades exquisitas a la película. Con ellos se podrían contar hasta seis títulos más, y eso es porque ‘Rogue One’ nos enseña que cada historia por muy simple que parezca puede volverse extraordinaria si se sabe ahondar en los sentimientos del personaje correctamente.

La película crece con los minutos, las trompetas de Michael Giacchino suenan y elevan el hype a mil, mientras “la fuerza” hace lo suyo en la pantalla (y nuestros corazones). Cosa importante, porque en ‘Rogue One’ estamos un poco más cerca de la mitología starwariana, nos sentimos parte de la historia porque estamos viendo a ‘personas normales’ haciendo cosas extraordinarias, desafiando el destino por una causa mayor.

‘Rogue One’ es una historia de sacrificio y recompensa, es una historia que emociona hasta las lágrimas porque el mensaje entre líneas es que la fuerza está en todos nosotros –sin excepción y sin necesidad de ser un Jedi– y nuestras decisiones son las que al “final del día” dirán si hicimos lo correcto cuando tuvimos la oportunidad.

¿Mejor o peor?

Inevitablemente uno se encuentra con opiniones diversas. La mayoría de mis amigos nerds amó con locura la película, y otros fueron un poco más lejos al decir que es “mejor” que el Imperio Contraataca ó que le pega mil patadas al episodio VII del año pasado. Pero para ser sincero, ‘Rogue One’ no es ni mejor, ni peor que otras películas de la saga, porque se encarga de cubrir elementos que antes no se tocaban, ya que la prioridad era hablar del legado, la religión Jedi, y los midiclorianos.

¿Hay sorpresas?, si. Gracias al poder digital hay unas apariciones maestras e inesperadas. Quizás el poco tiempo que aparece Vader puede resultar un poco injusto, pero recordemos que esta historia se la roban los rebeldes y no el Imperio. Sin embargo Darth Vader se ve de una forma que nunca antes lo habíamos vistos (tranqui, que no entraré en detalles), y son esos momentos en que a uno se le paran los pelos y se corta la respiración. Un 7,0 para ‘Rogue One’ por traer de vuelta a este grande, y un 8,0 por arriesgarse a poner personajes de antaño que sería imposible revivir sin efectos especiales.

Concluyendo querido lector rebelde

En síntesis, la película está hecha con amor y bien profesional en aspectos técnicos. No cae en excesos de fan-service y la deja lista de una forma auto-concluyente.

Si en el episodio VII me hice bolita llorando por Han Solo, ó por se me apretó el corazón cuando Rey toma el sable láser de Luke. En ‘Rogue One’ hay momentos igual de lindos para un fanático, e incluso hay un mensaje más “adulto” sobre la vida y la muerte que no se había tocado antes (podría decirse que es más oscura). Así que no me cabe duda que en esta historia van a encontrar “eso” que les faltaba, y mucho más, porque simplemente los rebeldes nos robaron el corazón.

Vayan a ver la película con los amigos, si pueden paguen por la sala IMAX porque lo vale. Rían, lloren y entréguense a esta historia, porque ‘Rogue One’ llega para quedarse, y es el broche de oro para cerrar un año nerd como corresponde.

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