Películas que reflexionan sobre la existencia de dios y la validez de la religión hay muchas. Gran parte de la filmografía de Werner Herzog se debate sobre este tema (Fitzcarraldo, Aguirre la ira de Dios). Pero nunca había presenciado un debate filosófico tan profundo y complejo con la liviandad, humor negro y desaprensión como en “Sausage Party”. Esto no es necesariamente malo, sino increíblemente novedoso.

Esta es  la última película de animación del grupo de amigos encabezado por Seth Rogen, que incluye a Jonhan Hill, James Franco, Michel Cera y Danny McBride, entre otros. Este grupo ha puesto en marcha varios proyectos como “Pinnaple Express (2008) o “This is the end” (2013), donde suelen intercambiarse roles tanto como directores, guionistas o actores.

En “Sausage Party”, el guion nace de Rogen y Evan Goldberg, es dirigida por Conrad Vernon y protagonizada por el mismo Rogen, James Franco, Edward Norton y Kristen Wiig.

La historia animada transcurre en un gran supermercado, donde todos los “productos” tienen vida, y sueñan con el día en que un humano los escogerá para salir de la tienda y viajar al “Más Allá”, una especie de paraíso. Los humanos son vistos como dioses, seres perfectos más allá de la comprensión de los “productos”. Frank (Rogen)  es una salchicha que sólo espera el día en que pueda viajar al “Más Allá” junto a su enamorada Brenda (Kristen Wiig), un pan de completo. Ambos piensan que su destino es juntarse para concretar su amor, el día que los dioses los elijan.

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Pero todo se complica cuando, una vez elegidos por los humanos, Frank y Brenda se dan cuenta que los dioses no son más que seres hambrientos que los comerán tanto a ellos como a todos los habitantes del supermercado. Comienzan entonces un deambular filosófico sobre la irrestricta creencia en seres superiores, y la necesidad de estas creencias para tener una vida pacífica. Muy pronto los personajes se ven enfrentados a la disyuntiva de romper con la gran mentira en la que viven, o continuar con el status quo de una creencia que mantiene ignorantes a los habitantes del supermercado de su terrible e inevitable destino.

Pero al mismo tiempo la historia tiene destellos del humor más negro posible, donde la violencia y las referencias sexuales se desatan sin ningún tipo de complejos. Para alguien que no disfruta demasiado de lo que los gringos llamas “Toilette Humor” (humor con referencias sexuales y escatológicas), debo reconocer que la historia me provocó muchas más risas de lo esperado, agradeciendo que todos los límites comunes de una película para público masivo fueran superados.

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Enfrentados al hecho que el mundo es un oscuro, frío y despiadado lugar, carente de dioses y lleno de desesperanza, los “productos” deben tomar control de su vida y romper las cadenas que los han oprimido. Estas tienen que ver con su sexualidad y con la violencia. Aunque a primera vista pudiera parecer que el uso de estos contenidos es gratuito, al analizarlos vemos que el frenesí que viven los personajes en la segunda parte de la cinta representa el duro despertar de una sociedad que ha pasado engañada toda su vida. Comienzan entonces a experimentar placeres prohibidos, rompiendo las barreras de lo comúnmente aceptado. Una vez que la mentira cae, no existe razón para no explotar la sexualidad y la violencia en todo su espectro

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Si bien su desenlace es algo débil y pierde el hilo conductor que hasta el momento había logrado mantener, “Sausage Party” logra su cometido al reflexionar sobre las creencias en realidades intangibles, mientras nos hace reír de manera honesta.

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