Sully es una película profundamente estadounidense , de aquellas que apelan a los valores y tradiciones más arraigadas en el ADN del país del norte.

Chesley «Sully» Sullenberger (Tom Hanks) es un piloto comercial con 40 años de experiencia. Mientras pilotea un vuelo regular, sufre el desperfecto de ambos motores, minutos después de salir del Aeropuerto “La Guardia” en Nueva York, con 155 personas a bordo. Enfrentado a una decisión de vida o muerte, Sully decide aterrizar el avión en pleno Río Hudson, seguro que sería imposible llegar a una pista de aterrizaje. Convertido en un héroe, Sully debe enfrentar la investigación sobre el incidente, que trata de probar que su decisión fue errada y que era posible que el avión regresara al aeropuerto.

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Sully se construye alrededor del personaje principal, enfocado en el peso de sus decisiones y en la presión que sufre tanto en el accidente como después de éste. Si bien es Sully el que salva milagrosamente el avión y sus pasajeros, la ciudad, a través de policías, bomberos, guardacostas, controladores aéreos y médicos, son los que complementan el trabajo. Constantemente la historia refuerza este sentido de comunidad, de trabajo en equipo; y Sully repite “nosotros lo hicimos, somos un equipo”.

 

La película es un claro reflejo de la mentalidad y pensamiento político de Clint Eastwood, que a sus 86 años es el representante de una estirpe conservadora casi extinta en EE.UU. Eastwood, en su carrera como actor y director, siempre ha buscado historias sobre héroes que rompen las reglas para hacer lo correcto. Ya sea en “Harry el Sucio”, donde es un policía que castiga  a los criminales con sus propias manos, en “Los Imperdonables” donde es un asesino que sale de su retiro para vengar la muerte de su amigo, o en “Millon Dólar Baby” donde es un entrenador de boxeo que da una muerte piadosa a su boxeadora al quedar ésta paralítica. Eastwood ignora las reglas en búsqueda de la justicia.

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Ferviente republicano, partidario de Donald Trump, y defensor del porte legal de armas, Eastwood representa al norteamericano que no confía del todo en el gobierno, que se opone al liberalismo y a los cambios radicales en todo sentido. Eastwood, a través de sus películas, busca detener el tiempo y vivir en una sociedad donde la ética y la moral conservadoras dicten las reglas.

 

Sully es el fiel reflejo de aquella añoranza de Eastwood, un renegado, que debe enfrentarse a todo el sistema para demostrarles que las tecnologías y los pensamientos innovadores, no son rival para la experiencia y el trabajo mancomunado de la sociedad.  Sully, que debe ignorar el protocolo y seguir su instinto, buscar su propia verdad; y aunque es puesto constantemente en duda, nunca se arrepiente de sus acciones.

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El problema de la historia es que Eastwood pone tanto énfasis en la construcción política del mensaje, que olvida por momentos que la real historia de interés vive en los segundos en los cuales Sully debe aterrizar un avión en medio de Nueva York, y no en los avatares morales tras el episodio. La recreación del “accidente” es el verdadero corazón de la película. En esos momento Tom Hanks brilla, especialmente por la calma que imprime al personaje enfrentado a una presión extrema.

Queda la sensación que estos momentos son tan poderosos, y la actuación de Hanks tan contundente, que el resto del la historia palidece en comparación. Dan ganas de pasar más tiempo dentro del avión, ahondar más en la psicología de la tripulación y de los pasajeros, de contar con más puntos de vista. El resto, las tribulaciones de Sully frente al comité, y sus dudas o remordimientos parecen impostando a un personaje que sabemos en un héroe y que la historia lo recordará de tal manera.

 

Pero con Eastwood y Hanks estamos en buenas manos, y aunque tiene altibajos es una cinta que justifica verla en el cine; especialmente porque, a su avanzada edad, siempre está la posibilidad de que sea la última película de Eastwood; y aunque nos gusten o no sus ideas políticas o su visión del mundo, su grandeza como director es innegable.

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