THE DIARY OF A TEENAGE GIRL - 2015 FILM STILL - Pictured: Kristen Wiig as Charlotte Goetze, Bel Powley as Minnie Goetze and Alexander Skarsgard as Monroe - Photo Credit: Sony Pictures Classics

En Nerdix vemos caleta de películas. También leemos muchas historietas. Y como sabemos que de esta divina combinación no sólo salen encapuchados versus archienemigos (cosa maravillosa, y terrible a la vez) nos tomamos el tiempo y jugamos por ver un poco más allá. Ejemplos de buenas novelas gráficas sin rachos lasers y superpoderes en la pantalla grande hay varias: “Oldboy”, “Camino a la perdición”, “Una historia violenta”, “Ghost World” (quizás la más mejol de estas), ene. Y el año pasado otra joyita se agregó a la lista, una que viene cargada de LSD, fluidos corporales y especialmente progesterona y estrógenos. Sacamos el candadito, explosión de colores y tenemos “The Diary of a teenage girl” (“Diario de una chica adolescente”).

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Película independiente de la debutante directora Marielle Heller que tiene la chispa de jugar entre el drama y la comedia, así como un chicle de los caros de la Copec: algo dulzones pero que con peta zeta en su interior; es decir, que como sea te deja algo raro, rico, inquieto en la boca. Y lo más interesante, es que está basada en la novela gráfica homónima del 2002 de Phoebe Gloeckner (1960), ¿Phoebe Buffay de “Friends”? No, una escritora y dibujante seca que fue criada artísticamente con la movida comiquera del underground de los 70 y 80´s y que hoy brilla por su estilo e historias autobiográficas, sumamente explícitas e intimistas. Nuestra Marcela “Maliki” Trujillo pero en versión gringa. Por lo que desde ya nos deja tres tareas: ver la peli, leer el libro y ponerse a dibujar por mal que lo hagamos. Las historias son la clave.

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Entonces qué tenemos si abrimos la caja misteriosa masterchef: las aventuras, pesares y devenires de la quinceañera Minnie (Bel Powley, póngale ficha porque esta novel actriz pinta para tremenda), loquita muy normal, del montón, lejana a los deportes, de grandes ojos azules que en toda la efervescencia del San Francisco de los años 70 sueña con ser ilustradora de cómics (de hecho su mayor referente es la dibujante Aline Kominsky, esposa del también genio y precursor de este género, Robert Crumb); pero principalmente desea comprender y lanzarse en los placeres del sexo, sin cuestionarse ni amargarse, sólo descubriéndose y reconociéndose. Hermoso. Y no encuentra nada mejor, aquí el gran problema, que jugar sus cartas con el novio de su madre, Monroe, treintón lolero en el papel del vampiro galancete de la serie “True Blood”, Alexander Skarsgard. Describiendo cada pregunta, opinión, detalle o posición del kamasutra frente a un micrófono y una grabadora de cassette, ergo, su diario de vida. Dato mega genial: la mamá, una mujer divorciada, bibliotecaria y alcohólica es interpretada por la maravillosa comediante Kristen Wiig, que notablemente nos hace transitar entre la carcajada y los suspiros, y que de seguro amaremos mucho más en su próximo rol de Erin Gilbert en el remake de Los Cazafantasmas.

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Es entretenido el recurso (aunque no del todo novedoso) de fusionar ilustraciones de Minnie (o Gloeckner, específicamente) de manera honesta, además, cooperando con la historia, danzando o aportillando su cabeza o caminar. Con sus tribulaciones, viajes alucinógenos, grabadora y canciones. Lo más pulento es lo real, íntimo y la desnudez de esencia que tiene la personalidad y voz de esta muchacha, que con una mirada y enfoque sumamente femenino nos encara un contexto social y familiar, donde el sexo se debe mostrar, vivir, sin mordazas religiosas, figuras paternalistas, cánones de belleza faranduleros o la moral conservadora de toda una era. Minnie no se calla, pide lo que quiere, se empelota, tira, siente, sonríe, toca, llora, llora, llora, carretea, se fuma un pito, experimenta, es ella. Como tú o cualquiera, pero en el año 1976. No por nada muchos la calificaron de una dramedia erótica, pero no, esto es cine desde la mujer y el género, donde a través de silencios y diálogos que se toman su tiempo todo adolescente (o adulto/a) se puede ver frente al espejo. Cuestionando y sufriendo, con los primeros romances de juventud, o de toda la vida. Donde tal vez el amor propio puede ser la clave. Puntos que suman son la banda sonora con todo un repertorio hippie y rockero de la década más colorida y liberadora de la cultura pop, con los vinilos sonando de T. Rex, The Stooges o Nate Heller al lado de la cama y los pantalones patas de elefante tirados en la alfombra. Puede que sea algo hipster o shuper loca, pero eso va en la primera pincelada, en la de su estética y onda, porque en profundidad esta película es para colocarla en dvdoeteca, con el post it que dice “Películas Adolescentes para Grandes y No tan Grandes”.

Así que bájenla o véanla online, aquí les va el trailer:

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