En mis años de colegio recuerdo especialmente a dos compañeros; el primero era el que se sacaba las mejore notas, tenían los mejores promedios y prometía convertirse en ingeniero o abogado adinerado y petulante. Al otro compañero que recuerdo era al peor estudiante, aquel que se sacaba puros rojos, que se llevaba los retos de los profesores de manera periódica, y que de una u otra manera hacía que nuestras miserables notas se vieran un poco mejor.  El resto, aquellos que estábamos en la media, en el promedio, estábamos condenados al olvido. Nadie recuerda al que llegó cuarto en la carrera, nadie rememora al candidato que sacó la tercera mayoría.

 

La historia de “The Disaster Artist” , de su película inspiradora “The Room” y de los directores Tommy Wiseau y James Franco es una de extremos, de ser recordado sin importar el motivo, de entrar en el universo cinematográfico aunque sea por la puerta de atrás. Si no eres el mejor, entonces te conviene ser el peor.

 

Greg Sestero(Dave Franco) es una joven en San Francisco cuyo único sueño es ser actor de Hollywood. En una clase de actuación conoce a un extraño personaje, Tommy Wiseau(James Franco), actor con muchas ganas, pero nada de talento. Comienzan una amistad jurándose que no se detendrán ante nada para lograr el estrellato. Aun cuando son cada vez más cercanos y viajan juntos a Los Ángeles, Greg no puede desentrañar los misterios de Tommy, su edad, de donde saca su dinero, y de donde es su increíblemente bizarro acento. Al final Tommy decide embarcarse en los que será su propia película “The Room”. Luego de su limitado estreno la película será considerada la peor película de la historia.

James Franco toma la historia de la filmación de “The Room” y la trasforma en  “The Disaster Artist”, un relato de la amistad de Greg y Tommy, y la filmación de la película.

 

Podríamos pensar que este es un relato que busca explotar el ridículo proceso creativo de Wiseau y las esquizofrénicas condiciones de grabación. Sería fácil ridiculizar a todos lo que tuvieron parte en la filmación y su total carencia de talento. Wisea no tenía idea sobre escritura de guión, filmación, manejo de equipos, fotografía y menos actuación; y lo único que lo mantiene a flote es su inagotable cuenta bancaria.

Pero existe un extraño respeto no al proceso sino a la intención tras esta desastrosa película. Entre escena y escena “The Disaster Artist” destila un profundo amor por el cine, por los sueños que nacen y mueren en las calles de Los Ángeles, por actores que lo único que buscan es un bocado de éxito. Más allá de la pobre calidad del producto final, Tomy Wiseau y compañía doblan las reglas de la industria y terminan ganando un espacio en la historia de cine.

 

 

“The Disaster Artist” funciona porque no toma el camino fácil hacia la risa. Indaga en la amistad y el profundo amor por el cine de Wiseau y Sestero. James Franco se roba el show no solo por una impecable dirección sino por su retrato de Tommy Wiseau.

 

En 1994 Tim Burton estrenaba “Ed Wood”, la historia del que, en ese momento, era  el peor director de la historia. Al igual que Burton, Franco logra ver la belleza del cine en sus peores errores, en sus mayores fracasos, porque tras esos fracasos existen emociones, amistades y sinsabores dignos de relatarse. Ambas películas, bastante parecidas, terminan por ser notas al pie de página de la historia dorada de Hollywood.

 

“The Disaster Artist” se estrena este 11 de enero en Chile y debería estar entre las obligadas a ver para todos los que tengan amor por el cine.

 

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