Rachel (Emily Blunt) es una mujer que cada día toma el tren para viajar desde las afueras de New York a Manhattan. En el camino siempre se fija en las mismas casas, en una vive una joven mujer, Megan (Haley Bennett), que pareciera vivir una perfecta vida junto a su esposo. En la otra casa vive Anna (Rebecca Ferguson), la nueva mujer del ex esposo de Rachel, Tom (Justin Theroux). Rachel mira a ambas parejas desde el tren, sufriendo por el abandono de su esposo, debido a su alcoholismo.

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En uno de sus viajes Rachel observa a Megan besando a un hombre que no es su esposo, y a la mañana siguiente Megan desaparece. Rachel es una de las posibles sospechosas.

Tras este complejo caso policial, donde las culpas y las víctimas comienzan a mezclarse rápidamente, y la realidad y la imaginación son difíciles de distinguir; reside una comunidad donde los hombres son extremadamente controladores y posesivos con las mujeres, intentando constantemente imponer sus voluntades y trasformar la realidad a su mejor conveniencia.

El principal mensaje tras la historia reside en el poder de una pareja dominante, controladora y perversa. La película analiza la vida de tres mujeres que, por un motivo u otro, se han visto sometidas por sus parejas, a tal punto de rendir la voluntad propia a lo que los hombres comanden. Las tres han visto tan pervertidos sus paradigmas de vida que sienten la necesidad de depender de un hombre, aun cuando éste sea un terrible ser humano. Hay para todos los gustos, el marido controlador, celoso, violento, egocéntrico, posesivo y psicológicamente destructivo. Las historias convergen cuando las tres deciden que es momento de empoderarse de sus vidas y enfrentar el abuso masculino de manera directa. Pero no es un camino fácil ya que años de sometimiento han dejado tras de sí vidas destruidas y voluntades débiles.  Existe en la historia cierto espacio de crítica social tanto a la violencia masculina como al sometimiento femenino, y deja claro que la única manera de vencerlo es la unión de las víctimas, la comunión de voluntades.

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Lamentablemente la película no logra concretar tantas buenas intenciones, y se termina perdiendo en sus propias fallas.

Mientras la historia se enfoca en el personaje de Rachel, la sólida y convincente actuación de Emilly Blunt sostiene el interés y permite obviar las constantes fallas de guión que hacen la historia cada vez menos creíble. Emily Blunt, quién ya venía en un camino ascendente con “Sicario” (2015, Denis Villeneuve), entrega tal vez el mejor trabajo de su carrera, como una mujer destruida, sin prospectos de vida y completamente atada a un pasado perdido.

Pero llegando al final de la historia, las vueltas de tuerca no son del todo convincentes y terminan por amagar un relato que promete más de lo que puede cumplir.

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Claramente en la línea de Thrillers sentimentales como “Gone Girl” (David Fischer), “The Girl in the Train” intenta navegar por los complejos terrenos de las relaciones rotas, la traición y la venganza. Pero queda a medio camino en la mayoría de ellas, no consiguiendo llevar a sus personajes al extremo.

Si bien mantiene la tensión y entretiene en buena medida al público, “The Girl in the Train” pierde la oportunidad de exprimir aún más su material original, y llevar a la pantalla de mejor manera un tópico tan profundo e interesante como el abuso psicológico y físico masculino dentro de la pareja. Por lo menos logra poner el tema sobre la mesa, dando al público bastante que pensar; las conclusiones ya son responsabilidad de cada uno.

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