Dirigida por Juan Antonio Bayona y basada en el libro de Patrick Ness, A Monster Calls es una película española-estadounidense de realismo mágico, que entre sus muchos aciertos cuenta con el autor del libro en que se inspira como guionista, por lo que está increíblemente bien tomada y respetada. No se ciñe al libro al punto de ser una reproducción tan fiel que no ofrece sorpresas, sino que toma el alma del relato y lo adapta para obtener el mismo grado de asombro.

Si bien Patrick Ness se trasladó a Londres recién a los 28 años (tiene 45), ha sabido ser un buen observador de “la manera inglesa” de hacer las cosas. Y si a eso le sumamos el superpoder de Bayona de despertar la emotividad entre las situaciones trágicas, tengan por seguro que estamos frente a una película para recordar.

De lo que se puede contar, tenemos a Connor (Lewis MacDougall), un niño que se ve enfrentado al cáncer de su madre (Felicity Jones), y obligado a convivir con su estricta abuela (Sigourney Weaver). Increíblemente pasivo, incluso a las agresiones diarias que sufre de sus compañeros, una noche comienza a recibir la visita de un enorme y destructivo monstruo, que llega para contarle 3 historias.

Hasta ahí tenemos al menos 3 elementos que nos recuerdan a Dickens y su cuento de navidad. Un niño como centro de la historia, un adulto demasiado apagado y estricto, y tres apariciones de un ente mágico para hacerle ver al protagonista una verdad importante, y que sin embargo nos cautivan y nos atrapan desde el primer momento.

El mensaje de la película tiene mucho que ver con la resiliencia, pero más aún con el egoísmo propio de quien no quiere perder a un ser amado, pero que está cansado de la agonía, y sobre aceptar la ira que eso conlleva. Connor es el más honesto en su sentir y eso lo atormenta, como a cualquier otra persona. Es posible encontrarse en su situación, sentir su pena y comprender sus acciones, tanto desde la empatía como desde el reconocimiento, porque todos -sin excepción -hemos sido Connor, y el monstruo ha venido a vernos al menos una vez en la vida.

En lo visual la película no abusa de lo que tiene y eso se agradece, las actuaciones son claras, limpias, todas muy inglesas. Sigourney Weaver cumple un rol maravilloso, haciendo una reflexión final tan real, acerca de lo que viene después de perder a un ser querido. Ella es madre y abuela, y asume la carga de ser el objeto de descargo de Connor. Los personajes están súper bien caracterizados, y el Monstruo, con la voz de Liam Neeson, no se convierte en un personaje cargante, sino que acompaña a Connor durante su experiencia, lo contiene y lo protege, a la vez que trata también de educarlo.

La película no está recomendada para niños, y si se quiere disfrutar, es mejor ir sin ellos. El libro en que se basa es una novela juvenil, por lo que esos son sus parámetros y al público al que va dirigida, sin embargo es de esas películas en las que eres capaz no sólo de ponerte en el lugar del personaje, sino de “entenderlo”.

Al final un monstruo viene a vernos a todos, y lo hemos recibido de diferentes formas. Pero siempre llega.

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