Consuelo (Blanca Lewin), su marido Bruno (Cristián Carvajal) y su hija Sofi empacan sus cosas y parten a un largo viaje a Francia, esperanzados que el tiempo lejos de casa pueda arreglar su maltrecho matrimonio. Dejan en casa a Martín (Jorge Becker), primo de Bruno, pero con el que no ha tenido contacto real desde hace ya bastante tiempo.  En un principio Martín logra convencer a Consuelo que es el indicado para cuidar la casa, estableciendo una breve pero particular relación. Tanto así que, una vez que la familia ha partido, es claro que Martín ha desarrollado una especie de fijación por consuelo. Rápidamente Martín comienza a apropiarse de la casa, y a desobedecer las reglas básicas que le han entregado. Conoce a Pachi  (Gabriela Arancibia), a quien convence que la casa es suya y que Consuelo su ex mujer. De ahí en adelante la historia deambula entre la realidad y la fantasía creada por Martín.

Esta es la nueva cinta de Alicia Scherson (Play, Il Futuro) y Cristián Jiménez (Bonsai), basada en el cuento de Alejandro Zambra

La historia tiene un ritmo pausado, por momentos casi inmóvil. Su “fuerza” reside en la psicología de los personajes, y los pequeños detalles que demuestran sus conflictos internos. Mientras Martín disfruta de su falsa vida, y se adentra cada vez más en sus mentiras, la historia se estaciona en la contemplación, y construye cierta expectación sobre el lógico colapso de este mundo de fantasía. Pero pareciera que la intención de sus directores no era construir una historia basada en su desenlace, sino hacer referencia al estado mental de Martín que lo lleva a construir esta realidad paralela. La necesidad de Martín por pertenecer a un grupo familiar para enmascarar su depresiva y solitaria existencia, va transformando la realidad, hasta el punto que no es posible saber si en su mente esta “falsa existencia” se ha trasformado en verdad.

Pero este ritmo pausado que los directores proponen, y la falta de enfrentamientos psicológicos entre los personajes (Pachi aporta poco en este sentido), pueden llegar a ser frustrantes, y terminamos esperando de manera ansiosa algún tipo de catarsis que permita verbalizar los problemas psicológicos de los protagonistas.

Tanta contemplación hace que la película termine por arrastrarse, y entregue lo que sus primeros minutos prometían, un interesante drama/comedia sobre la necesidad patológica de pertenecer a un grupo familiar para ser validado como ser humano. Sin ese sentido de pertenencia, pareciera ser que no es posible extenderse en la vida mucho más allá de la soledad y la depresión.

 

No es una mala película ni mucho menos, pero da la sensación que pudo cuajar en una historia mucho más significativa si hubiera tenido la fuerza necesaria.

Filmada correctamente y con un casting parejo “Vida de Familia” integra una línea de películas que han inundado el cine chileno en los últimos años, donde la sustancia se pierde entre sutilezas demasiado finas para el público, y las intenciones de los personajes se encuentran bajo gruesas metáforas. “Navidad”, “La Niñas Quispe”, “Las Plantas” o la misma “Turistas” de Alicia Scherson, son ejemplos de historias que pudieron ser mejores si hubieran encontrado un punto de contacto con el espectador. Son buenas películas pero no logran generar interés por sus personajes, ni involucrar emocionalmente al espectador. Tal vez es ese el mayor problema de “Vida de Familia”, porque si bien establece cierta intriga sobre la psicología y las intenciones del protagonistas; nunca logramos involucrarnos realmente en la historia, y terminamos por olvidarla al poco salir de la sala.

Puede que “Vida de Familia” sea de aquellas películas que necesitan más de una vista para apreciarla. La cinta participó en el festival de Sundance 2017 y desde el 26 de enero está en los cines chilenos.

 

 

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