Cuando el 11 de septiembre del 2001  dos aviones comerciales cruzaron el cielo de Nueva York para estrellarse con el World Trade Center, el mundo se horrorizó (en vivo) al presenciar la muerte de casi 3000 personas, cosa que más tarde –sabemos– inició una vorágine de odio interminable entre Estados Unidos y los países árabes. Cuando ese día llegó, descubrimos entre otras cosas que nuestros superhéroes (los de las viñetas) no existían, y aunque Spider-Man se preparaba para llegar a los cines el mismo año, tuvo que retrasar su estreno y editar una de sus escenas que incluía a las desaparecidas torres gemelas como principales protagonistas de una clásica web-trap.

El tema es que esta Spider-Man fue la segunda película de superhéroes de la “nueva era” (la primera fue X-Men, el 2000), y para el contexto en que fue estrenada, transformó el cine de superhéroes para siempre. ¿Por qué?, les cuento al tiro.

Aquí el trailer censurado que mostraba a las torres gemelas:

La trinidad de Nueva York y el vecino amigable

Como muchos de ustedes queridos nerds, soy un fanático de lo que llamo la trinidad nerd-cultural de Nueva York que incluye a Las Tortugas Ninjas, Los Cazafantasmas y obvio Spider-Man. Las tres franquicias vendrían siendo –por lejos– las más populares en la Gran Manzana, y el merchandising adorna cada tienda en la ciudad casi como un sello de orgullo y nostalgia.

Spider-Man por lo tanto es el vecino amistoso que todos quieren, y cuando uno camina por la ciudad y mira hacia el cielo, es inevitable recordar a ese hombre araña que nos entregó Sam Raimi el año 2002. Ahí balanceándose a gran altura y con Nickelback sonando de fondo ¿se acuerdan?. Y debe ser porque en teoría fue la primera vez que vimos a un superhéroe de Marvel hecho con tanto cariño, con tanto corazón como lo plantearon ahí.

Aunque algunos nunca “conectaron” con Tobey Maguire, puedo decir que por esos años le agarré harto cariño a todos los personajes de la película; desde Mary Jane hasta J.J Jameson, y desde Flash Thompson hasta la tía May. Coincidamos en que la mayoría de ellos son calcados de lo que vemos en los cómics, y se nota que hubo un esfuerzo –no menor– en fichar a los actores adecuados para interpretar al círculo cercano de Peter Parker, cosa que muchas veces hoy pasan por alto en las nuevas películas/series.

Otra cosa es que la banda sonora era impecable. De escucharla hoy en día podrían encontrarse con algo muy emo, pero la verdad es que a película tenía temazos que sonaron por mucho tiempo en nuestros corazones (mi favorita es Vindicated de Dashboard Confessional de Spider-Man 2), además que Danny Elfman compuso uno de los mejores score que he escuchado en mi vida, donde destaca el sublime Doc Ock Suite (también de la 2).

No menos importante es decir que la segunda película de Spider-Man (2004) es considerada una de las mejores de todas las existentes en el universo cinematográfico del cómic (no lo digo solo yo). Basada en el mítico tomo “Spider-Man No More!“, la historia tocaba por primera los conflictos de llevar una “doble vida” como superhéroe. Además de que Peter Parker debía lidiar con el duelo del tío Ben, salvar a Mary Jane, y hacer frente a un poderoso Doctor Octopus. (¡grande Alfred Molina!).

Igual es cuático pensar que ya han pasado dieciséis años y que deben haber cabros millennials que no deben tener idea de lo que estoy escribiendo, porque la mayoría deber haber crecido con Avengers y no cachan que para atrás hay un tema importante de la maduración de los superhéroes en el cine, y de como su aparición afectó al mundo. Ahí viene el siguiente punto que quiero tocar, que es el más sensible.

Spider-Man sanó el dolor

Volviendo al tema del 11/9. Después del ataque de las torres gemelas, la gente a nivel mundial (y sobre todo en Estados Unidos obviamente) comenzó a sentir el terror de la inminente guerra que se avecinaba. Uno por entonces (al menos así lo creía yo) era que todos los países iban a ser parte del conflicto, y ya habíamos descubierto a la mala que la gente podía morir de una manera horrible, aun cuando estuvieras en el epicentro de la ciudad más “segura” del mundo. El terrorismo era cosa de todos los días y en definitiva, los superhéroes empezaron a convertirse en una vía de escape al dolor.

Para cuando ya comenzó el levantamiento de los escombros y se comenzaban a conocer las historias de las víctimas, también comenzaron a salir las viñetas que mostraban a un Spider-Man impotente a tal hecho de horror en sus ciudad (The Amazing Spider-Man #36 V2). Lo que de alguna forma recalcaba que los verdaderos héroes no son los que llevan capas, sino aquellos bomberos, oficiales y paramédicos que dieron su vida en el rescate.

Las películas de Sam Raimi por su parte, comenzaron a explorar ese miedo a la tragedia (recordemos la escena de las bombas del Duende Verde con las personas cayendo del edificio, y la del tren sin frenos en la 2), y de como utiliza a Spider-Man como un método de salvación. “Alguien, quien baja del cielo a prevenir un nuevo genocidio“, por decirlo de alguna forma, y alguien que al mismo tiempo, sufre un drama personal sobre el asesinato de uno de sus seres queridos (similitud con lo que estaba viviendo la mitad de Nueva York).

El espíritu humano que Sam Raimi puso en Spider-Man es exactamente lo que el pueblo norteamericano necesitaba (y creo que nosotros también), alguien que para nosotros, inconscientemente  estuviera vigilándonos para prevenir el desastre. Esa sensación que nace del cine, del cómic del nuevo milenio, logró ser un calmante para el dolor en la época en que más se necesitaban héroes, y que posteriormente fue imitado (nunca igualado) por todos los títulos que vinieron después. De hecho si se dan cuenta; la mayoría de las películas post 2001 involucra una amenaza de gran escala, casi como reviviendo el ataque terrorista del 9/11.

Spider-Man, el superhéroe más cercano

Aunque hoy estemos recibiendo al tercer Spider-Man con Tom Holland en Homecoming, y aunque Spider-Man 3 (2007) no sea del gusto de nadie, no olvidemos que la primera saga del arácnido fue la –única– adaptación que logró cruzar de la ficción a la realidad, inspirando fortaleza, esperanza heroísmo y calma frente a la adversidad.

Es el héroe instauró muchas cosas que hoy vemos en el MCU. Pero más que todo, es un héroe símbolo de la humanidad que se toma fuerza en una tragedia, y que no solo sirve como un “modelo” norteamericano, sino que humanitario.

Yo por lo menos crecí con las películas de Raimi en mi adolescencia y tuve una estrecha vinculación con Spider-Man a nivel emocional; fui víctima de bullying, sufrí el duelo de perder a alguien que amaba, y también en algún momento quise hacer el beso invertido de la lluvia (jaja). Es por eso, que hoy en día le debo muchas de las cosas que aprendí de la vida, porque basta con toparme con la película en el cable, desempolvar los VHS, o con escuchar el soundtrack para viajar al pasado y concluir que los héroes como Spider-Man no son solo tinta y papel, sino que son parte de nuestra historia personal.

¿Alguna vez existirá otro superhéroe como él?, lo dudo.

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