Si hay algo en que los nerds de toda especie son prolíficos, es en discusiones: que si Capitán América o Iron Man, que si la 3a o 4a edición de Dungeons & Dragons, Naruto o One Piece, etcétera. Sin embargo, cada cierto tiempo surgen polémicas un poco más serias, que pueden tener implicancias más allá del factor meramente de entretención. Problemas de sexismo/ acoso en las convenciones, el rol de los personajes femeninos en diversas obras o, lo que nos convoca, la piratería digital.

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Al hablar de piratería digital, los que somos más viejos recordamos con nostalgia a Napster y Audiogalaxy, los primeros programas para compartir música a comienzos de la década del 2000. Producto de la oposición de una industria musical obsesionada con preservar un modelo de negocios obsoleto, finalmente ambos terminaron cerrando, dando paso a muchos otros, incluído Bit Torrent.
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A medida que el uso de estos programas se expandía, también lo hacían las quejas de la industria musical, editorial, etcétera. La creencia era que la distribución ilegal de contenido causaba daños millonarios, y causaría que en el futuro próximo nadie pague por contenido, provocando la quiebra de grandes industrias y, con ello, la muerte del medio.
En suma, el Apocalipsis.

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Obviamente, lo que sucedió fue más bien todo lo contrario. Lo que las industrias no parecen querer ver, es que la piratería finalmente resulta un vehículo muy útil a la hora de darse a conocer. Si bien hay un porcentaje de gente que descarga contenido solamente para no pagar por él, la mayoría se encuentra en una de varias situaciones. Algunos descargan para asegurarse que sean de su agrado antes de comprarlos. Otros tienen el original pero prefieren usar versiones pirateadas para evitar engorrosos sistemas de DRM* o tener que pagar por escuchar su música en más de un formato. Finalmente, hay quienes son entusiastas de las obras de que se trate, pero por diversas circunstancias no tienen dinero como para pagar por ellas. En este último caso, al poder de todos modos acceder al objeto de su afición, el interés por éste se mantiene vivo hasta que sus circunstancias cambian y pueden empezar a pagar por originales.

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No es la idea tratar todo el tema de la piratería en unas cuantas líneas, sino que mostrar que un asunto aparentemente simple rara vez es tan en blanco y negro como lo pintan.
¿Qué opinan ustedes?

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