Lo primero y más importante: 1) aquí no hay spoilers, 2) aguante Ben Affleck y 3) vaya al cine con toda la fe. Dicho esto, comenzamos.

Es la película nerd más esperada del año, los dos más grandes guerreros del cómic -y el mundo- enfrentándose, como en las viñetas, en las series, como en nuestros sueños (suspiro). Citando al nuevo Lex Luthor en el trailer: “El bien contra el mal, la luz contra la oscuridad, el murciélago de Gotham versus el Hijo de Kriptón”; el verdadero superclásico de la semana (no como la fomedad de albos y azules), con acción, drama, superpoderes y pasión. Hermoso, lágrimas y demos gracias por vivir este ñoñazo momento de la historia. Entonces qué tenemos con “Batman v Superman: el origen de la Justicia”: dos fuerzas arrolladoras y una de las tareas cinematográficas más complicadas del cine pop del siglo XXI, todo en la cabeza Zack Snyder que a pesar de desbandarse por momentos y extraviarnos, finalmente nos alegra, alucina y da esperanzas de todo lo pulento que está por venir. Implantando momentos de culto y haciéndonos tiritar de éxtasis en la butaca.

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La sinopsis la sabemos, algo hay en los adelantos y entrevistas: luego de las destrucciones y la hecatombe que provoca la batalla entre Superman y Zod en Metrópolis y “Man of Steel” (2013), donde la humanidad se ve minúscula e indefensa ante tal poder y misteriosos colosos del cosmos, el gobierno gringo y un algo canoso, pero violento, rabioso e inestable Caballero de la Noche quieren tomar cartas en el asunto. Situación que se corrompe aún más ante la presencia del desquiciado y evolucionado Mark Zuckerberg, perdón, Lex Luthor (Jesse Eisenberg), quien desea conocer y apropiarse de tan abominable fuerza para sus fines y narcisismo. ¿Qué más? ah, con la glamorosa Diana-Mujer Maravilla (Gal Gadot…baba) paseándose por eventos en busca de una valiosa información para ella y el futuro de DC Comics dentro de todo este embrollo de progesterona y capuchas. Ahora, cual Zoom Deportivo apliquemos acercamiento electrónico.

En esta esquina

Superman (Henry Cavill) es un dios, tiene estatuas homenajeándolo, muchos lo idolatran, pero otros también han sufrido de sus no-límites, ciudadanos y especialmente su relación amorosa con Lois Lane (Amy Adams) y este vigilante sanguinario y sin ley vestido de murciélago de la ciudad vecina (eso, es muy raro). Aquí nuevamente el actor inglés sale airoso, especialmente por el enfoque que el Hombre de Acero tiene en esta saga: un paladín que no decide por él, sino por su padre, su madre, su polola, la humanidad; y que cuando lo hace uno de estos sufre, llevándolo a violentarse, meterse en una tina con ropa y perder sus cabales (a diferencia de la figura pacífica y noble clásica del personaje de Siegel y Shuster). Quizás los fanáticos del metahumano de la “S” en el pecho sentirán desazón, que sumando restando es el más aporreado de este combate y cuento, pero esa es la idea, humanizarlo, ser mártir y agachar el moño. Ser un elemento más y no ser tan “super”, sino un héroe incomprendido en un lugar y presente equivocado.

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Batman (Ben “te banco a muerte” Affleck) es la novedad. Y hay que decirlo: el más querido y famoso de todos los superhéroes. Por lo que BvS puede parecer a ratos una nueva franquicia del Caballero de la Noche, su cinta (la peli parte con él), donde su visión y personaje marcan los hilos de la historia y puntos altos. Incluso, es la clave de todo el universo DC que aquí parte, ¿la Liga de la Justicia?. Cuarentón, intenso, galán, voluble, insano, apoyado en un Alfred que deja de ser mayordomo por un rol más de copiloto, de ex soldado con experiencia, encarnado brillantemente por Jeremy Irons. También nos encontramos con el Batman más parecido al mito y personaje como tal, que infringe miedo, trepa paredes cual niña poseída, lanza maleantes por los aires y los marca; con Ben Affleck superando una prueba de fuego inexistente si recordamos sus roles en “Argo”, “The Town” o “Gone Girl”, que ya proyectaba un Bruce Wayne en otras edades y facetas: atribulado, limitado, cegado…y sin plata. Intentando la utópica forma de vencer como sea al alienígena de capa roja y tratando de comprender sus delirios y el presentimiento de que algo mayor y abominable se avecina. Y su traje, y el batimóvil, y su sistema para cambiar de voz (!novedad después de años de películas!),todo anda bien…gracias, Ben.

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Y vale la pena detenerse en Luthor, que como ya mencionamos vendría siendo la evolución de Pikachu a Raichu del personaje de Eisenberg en “Red Social” con el pelo largo, hablando aún más rápido, con guiños sicóticos e histéricos. Si hasta las oficinas de Lexcorp son una reversión de los escenarios de Facebook o Pixar. Puede que tal juventud y zapatillas blancas con poleras cool nos choque frente al clásico perfil del calvo, de etiqueta y templanza del archienemigo de Kal-El, pero ojo, que si el más recordado y detestable personaje de los realities chileno fue el Chispa, acá vemos el mismo sujeto proyectado, pero escondiendo a un real genio y villano, cosa que en las películas de superhéroes son contados con los dedos como el Joker de Nolan, Loki de todo Marvel cine y Wilson Fisk de la serie Daredevil. Con la obsesión de ver caer a toda a costa a estos dioses con disfraz llegando al nivel de adentrarse en el mundo y pasado de Superman y lo que lo puede llegar a aniquilar. ¡Alto!, hay que mencionar a Mujer Maravilla: la mejor en estilo de combate y en el tema de soundtrack. La vemos pocazo, pero es amor a primera vista y espada.

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Los guantes de Zack Snyder

Retomemos que este era el mayor reto nerd después de las nueva Star Wars, que un director podía tener en la década más gloriosa de las películas de superhéroes. Una roca de kriptonita ardiendo. Y Snyder lo hizo, porque se la cree, es masoquista, se les suben lo humos, es un nerd de coraza, lo que sea. Pero tiene un gran mérito: reconoce lo que le gusta al fanático o fanática del cómic, la fibra, el momento, no por nada es un amante del arte y osó llevar a la pantalla la más alucinante novela gráfica (“Watchmen”) con escenas de grandeza y otras no tanto. Bueno, acá tenemos más de Snyder, por suerte no es el de “Sucker Punch” o “Man of Steel”, pero si del que sale de “Watchmen”, “Gahoole” y “300”: magnánimo -más contenido en las explosiones, eso sí-, de cámaras lentas y al detalle, con verdaderas viñetas en movimiento (homenajes literales a “The Dark Knight Returns”, “Superman All Stars” o las sagas de Doomsday), oscuro y corrosivo (la gran diferencia con la vereda de Marvel), de frases precias y escenas de culto; pero algo débil en narración y construcción de personajes. Calma, no es tan terrible, esto recién comienza (él estará a cargo de las demás películas DC), además hay un estilo, hay un cine de autor, para bien o para mal, una firma, un legado, que al parecer, juega de local y dando números azules entre el entretenimiento y el drama. Quizás hay ripios, vacíos, o mucha información sin unir, algo así como varios excelentes videoclips que faltan engranar y otros que incluso se podrían sacar, mucho que meter y colar para un solo film; pero ¡epa!, lo alucinante, lo importante, esos segundos que erizan la piel del lector de historietas, están, con cuática. Un desorden que te golpea, entretiene y emociona. Y que nos deja un muy buen sabor de boca, dejando la digestión para más tarde, y disfrutando de un resultado sabroso y explosivo, para repetirse y esperar otro round. Una muy buena película de encapuchados.

Nerdix - batman v superman

Vamo´a peliar terrible brígido

Así que el film de superhéroes más soñado y jamás hecho sí existe, vale la pena verlo y da el puntapié inicial al universo cinematográfico DC y Warner, ahora sí que sí. La verdadera guerra por la taquilla recién comienza, está declarada, y lo hace con sus artilugios y jugadas maestras (adelantándose a Civil War y lo que esta podía también mostrar o repetir), aquí no hay escenas post créditos, no, está todo dentro y durante, algo apretado y con pegamento, pero te hace aplaudir por ese futuro ñoño con Superman, Batman, Mujer Maravilla y tantos otros que dirán presente. En una realidad sombría, terrible, con poco pie para risas y descansar, donde los héroes sufren más que vitorean.

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