Cuando éramos chicos, el terror era un tema. Nos llenábamos de historias extrañas de los vecinos, esos mitos urbanos estándar del colegio, además de la siempre factible chance de pillar volando bajo a los papás y colarse para ver “lo que estaban viendo”, o acudir al primo/hermano más grande y falto de criterio que estaba viendo It cuando lo dejaban cuidándote. Pero esa era otra época, dónde la comunicación era más presencial y los horrores menos palpables. Hoy en día priman las comunicaciones virtuales, y el celular se ha convertido en esa gran ventana que tienen los niños ante esas imágenes que para nosotros solo existían en el imaginario o en alguna película con efectos bien artesanales.

 

Todo Comenzó con Slenderman 

La mayoría de los niños que tienen acceso a un celular con internet manejan al dedillo el término Creepypasta, y saben perfectamente quién es Slenderman. El famoso hombre sin rostro ya forma parte del imaginario colectivo de la mayoría de los niños, por ser uno de los primeros acercamientos al horror en redes. Eso nos lleva al documental de HBO Beware the Slenderman, en el que abordan el caso de dos niñas que mataron a una de sus amigas en la creencia de que seguían los designios de este personaje. Sin embargo en lugar de relegar al hombre de los tentáculos al olvido y la vergüenza, la tragedia disparó su fama, confirmando el mito de su existencia. Según los propios niños Slenderman “existe, pero no hay que hacerle caso.”

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Antes el terror provenía del cine. Y nuestros monstruos más memorables vieron la luz a través de esas películas que nos colábamos a ver o que elegíamos en el videoclub de turno guiados por un poster con las puntas carcomidas pegado en la puerta. Ahora la entrada a los horrores es a través de los videojuegos, complementada amablemente por el Fandom. De los textos y fotos de Slenderman pasamos al contenido en youtube, y entonces la industria se motivó y generó un nuevo nicho de posibles sustos: los juegos para celular.

 

El nuevo reinado de los Animatrónicos

Sin duda, para quienes somos padres o tenemos algún vínculo con niños de entre 6 y 9 años, no nos es ajeno el nombre de Freddy. Y no, no hablo del personaje creado por Wes Craven, sino de un oso animatrónico gigante que gracias al juego Five Nights at Freddy’s se ha convertido en el nuevo referente del horror para los niños. Posicionando a la industria de los videojuegos como el nuevo generador de sustos de esta época. Ante la crisis del horror que sufre el mundo del cine, la necesidad de terror visual recae en estos monos de colores, que mediante un juego del celular y muchos jumpscares causan furor tapizando el comercio.

Freddy tiene de todo, hasta un par de libros, situados 10 años después del final del segundo juego (porque son como cinco), un par de spin offs y una cantidad de material generado por los fans que da para todo. Historias cortas narradas y dobladas por fans, representaciones en Minecraft, y… canciones. Muchas canciones.

 

Prohibir es fomentar 

Y aquí es donde uno se pregunta ¿Qué hago? Mi referente más cercano es mi hija de ocho años, y la gran inspiradora de esta columna. Se considera gamer, no tiene redes sociales, tiene acceso al menos a tres consolas, se informa con youtube, y pierde gran parte de sus tardes libres mirando gameplays. Evidentemente es fanática de Freddy, y del fenómeno que genera. Después de Freddy vino Bendy and the ink machine, hasta que llegamos a la casa con “Los ojos de Plata”, la primera novela oficial del juego. Y aquí es donde uno recibe las primeras críticas: que no es para niños, que la pobre se va a traumar, que es muy chiquitita para tanta violencia. Y frente a eso uno tiene dos opciones: la primera es escuchar la voz del pueblo, y prohibirle a mi hija todo el contenido al que accederá de todos modos, sin mi supervisión, porque lo hará a escondidas. O darme el tiempo de revisar el contenido con ella para entender por qué le gusta tanto.

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Este es Bendy, se supone que era bueno, pero le mataron a su amigo Boris y por eso se volvió malo.

Estamos llegando a la mitad del libro, que es como una peli teenager sin escenas de sexo. La Anto se asustó, pero quiere terminarlo. Ahora juega Plantas vs Zombies y el terror está quedando atrás seguramente por un par de meses, o lo que demore en llegar el segundo libro. Ella puede pasar horas hablando acerca de Freddy, de Bendy, de Sans (de Undertale), y con eso uno entiende que la nueva cara del terror viene en las consolas.

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