Siempre he creído que no existen los libros “para ciertos tipos de personas”, sino personas que -por una u otra razón -logran enganchar con el mensaje que ese libro quiere transmitir. Con Álex Nemo me pasa un poco eso, que me encontré con algo que no sabía que estaba buscando.

La sinopsis es la siguiente: “Una noche de tormenta, Álex descubre que su madre ha desaparecido. Buscando respuestas al misterio, su abuelo Oreste le revela el secreto para trasladarse al espacio y el tiempo de las obras literarias más apreciadas para ambos. Álex y su abuelo visitarán los mundos de Charles Dickens, Tolkien, Lovecraft y, en especial, el universo de Julio Verne donde recibirán la ayuda de los personajes de “Veinte mil leguas de viaje submarino” y “La isla misteriosa” para reunir pistas que conduzcan a la madre.”

La dupla de Francisco Ortega y Gonzalo Martínez no es nueva. Luego del exitoso Mocha Dick, era de esperarse que ambos supieran entregar una historia entretenida, sólida y de fácil enganche. Pero lo que me pasó a mí fue un poco más allá de eso. Porque a sabiendas o tal vez sin proponérselo, estos dos autores dieron con una de las fantasías más recurrentes de los que somos ávidos lectores: recorrer -por un momento siquiera -los universos literarios.

Álex Nemo juega con los mundos literarios y los mezcla con lineamientos propios del cómic (como la teoría del Multiverso potenciada por Grant Morrison y que no tiene nada que ver con Rick & Morty). Los autores se dan pequeños lujos (como un cameo dentro de la trama en el Verneverso) y las apariciones especiales de ballenas y de un ser muy querido por Ortega.

“Hay dos tipos de escritores: Los que “recrean” lo que les pasa, tratan de ser realistas y narran acerca de ellos mismos (…) Y están los que “crean” universos. Esos son peligrosos. Mucho, ellos, nosotros, creamos sin querer, el dobleverso.”

Lo mejor es que las referencias a los libros no existen sólo en los universos, sino que también en los diálogos y viñetas. Datos, primeras ediciones y un par de Mampatos forman parte de este verdadero homenaje no sólo a la literatura, sino que a esa sensación de magia y aventura que la ciencia ficción nos produce.

Me gusta mucho que esté plagada de guiños. Que aparezca la obra de Conan Doyle y no sea Holmes, las ballenas e incluso que Oreste se parezca tanto a John Hammond (ya saben, “no reparé en gastos”). Me gusta también el homenaje constante a la historieta chilena, la participación de Felix Vega en la portada, la dedicatoria a Gabriel Rodríguez y Martín Cáceres, los Mampatos sobre la mesa, Madre y abuelo dedicados a los libros, basando sus mundos en la mitología chilena. Toda esa fuerte presencia de un Chile que contaba historias antes de los superhéroes.

Alex Nemo y la hermandad del Nautilus es el tipo de historia que fácilmente puede caer en una biblioteca escolar, para incentivar en los más jóvenes la revisión de los clásicos. Tiene una cantidad muy entretenida de extras, modelos de las naves que aparecen en la historia y además un nutrido listado de los libros citados, que puede ser tremendo aporte para quien aún no se inicia en los clásicos de la ciencia ficción (o le falta alguna cosa por leer).

Alex Nemo y la Hermandad del Nautilus está disponible en librerías gracias a Random House. 

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