Jugársela por un contenido nuevo no es fácil. Encontrar una temática apropiada, darle dinamismo, generar personajes que despierten la empatía y finalmente hilar todo eso en una historia interesante, no es una tarea que deba ser tomada precisamente a la ligera. Llegar con una idea nueva con elementos conocidos es un lujo que pocos se pueden dar. Gilberto Villarroel se da ese lujo con Cochrane vs. Cthulhu.

De seguro alguien más dirá que ya hemos visto algo así y tendría razón y a la vez no. Seth Grahame-Smith (Sí, ese que se correteó con la dirección de la película de The Flash), revivió esta tendencia de mezclar figuras históricas con el género sobrenatural con “Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros”, para luego ir más allá con “Orgullo Prejuicio y Zombies”. Sin embargo la similitud no hace equivalencia, ya que Lincoln es una figura lejana en la historia de Chile. Lord Cochrane no, y por lo mismo esta aventura épica nos resulta no sólo más cercana, sino que mucho más interesante. Así que no seamos chaqueteros y no empecemos con “esta es la versión chilena de”, porque le restamos mérito a una historia de verdad muy bien armada y estudiada, donde además de repasar elementos históricos, pasamos lista a una de las criaturas más interesantes de la literatura en general.

Los libros y los monstruos

Monstruos en la literatura hay muchos, y a diferencia de Grahame-Smith que juntó a Lincoln con un “genérico” como los vampiros, Gilberto Villarroel puso sus fichas en una criatura en particular, con nombre y apellido, y el peso de ser una de las máximas representaciones del miedo en el ideario colectivo: Cthulhu.

Imitado, pero jamás igualado, el Gran Antiguo regalón de Lovecraft, ha inspirado a muchas otras criaturas y ha servido como concepto a otros grandes del terror, como la nada, de la Historia sin Fin. Sin embargo, como pasa con todos los famosos, las cosas comienzan a tergiversarse un poco, y mi máximo miedo era que el todopoderoso Cthulhu terminara siendo representado como un dragón con cabeza de pulpo. Pero no fue así y eso también lo quiero rescatar, que de verdad el mito de Cthulhu es tomado con mucho respeto, y está bien documentado. El autor hace que todos los elementos coincidan y eso se agradece.

La ilustración de portada es de Felix Vega, para quien pido un aplauso por este valiente y brígido Thomas Cochrane

Los Versus y las “Lecturas para hombres” 

Los versus son bakanes -al menos en el cine -y casi siempre están ligados al terror. Alien vs. Predator, Freddy vs. Jason, Sadako vs. Kanako, Kong vs. Godzilla, así que poner esta historia en la categoría de “versus” y no “Lord Cochrane se encuentra a Cthulhu” también tenía una ventaja, que es situar una equivalencia (cuando es versus te da la sensación de que podría ganar cualquiera). Hay un tema además con el concepto de novela histórica, o con la dinámica que usa, que encuentro que es súper interesante: Cuando uno lee novelas románticas o clásicas el relato parte desde las emociones, sean hombres o mujeres, tenemos personajes que se nos presentan desde sus sentimientos, y vamos avanzando con eso. Con la novela histórica pasa algo muy diferente, los primeros acercamientos son meramente descriptivos, y de los personajes con suerte se sabe el nombre, los relatos son más directos, más duros y te deja con esa sensación de que es una lectura mucho más “masculina”. Incluso las interacciones son guiadas por la admiración y el rango militar, pero de todos modos las descripciones son “su pelo castaño claro, casi pelirrojo, lucía revuelto y sucio. Sus mejillas se habían enrojecido y contrastaban con la frialdad metálica de sus ojos azules.”, y eso igual es bakan. Lord Cochrane es un pulento, un tipo duro que además de ser increíblemente inteligente, hábil e ingenioso, es un hombre valiente y que genera respeto en sus tropas, logrando una lealtad inquebrantable en sus hombres.

Cochrane vs. Cthulhu es un libro entretenido, con personajes bien delimitados (bien ahí con Eonet), hechos y lugares históricos, una criatura fantástica, acción, diálogos entretenidos, bien documentada. Si tuviera que ponerme exigente diría que le faltó un mapa, pero para una segunda edición quién sabe.

 

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