Fue un beso tonto es la historia de Olga y Clara, dos inspectoras de policía que durante una redada conocen a dos médicos, Alex y Oscar. De ahí el argumento es… ¿adivinen cuál? Sí, obvio, pasa de todo, pero el libro es tan ágil, y tan entretenido, que de verdad no importa si puede ser predecible.

Megan Maxwell ya tiene una fama súper consolidada y una fanaticada que no la va a dejar en mucho tiempo. Es súper prolífica como escritora, tiene muchísimos títulos. Yo empecé ahora con este libro, y la verdad es que me entretuvo mucho, y entiendo por qué a tanta gente le cae bien: Sus novelas son súper relajadas, y de fácil lectura, lo que no quiere decir que no estén inteligentemente escritas.

La labor de Maxwell en la literatura y también la razón de su éxito, es que ofrece una versión mucho más contemporánea de la novela romántica. No pierde el tiempo en descripciones melosas ni mucho sentimentalismo. Este libro resulta jocoso, ágil, como una anécdota o una película o serie ambientada en un hospital (sí, es súper fácil pensar en Grey’s Anatomy con los médicos, pero eso en lugar de restar, suma).

“Yo brindo por tí. Porque siempre me quieras, como me quieres y Dios te pille confesado si dejas de quererme.” 

Independiente de las relaciones entre personajes y de todo el tema amoroso, Olga y Clara tienen un vínculo muy bonito, esa complicidad entre amigas que sólo se puede entender a nivel femenino. Más allá de grandes actos heróicos, o de eternas promesas de lealtad, estas inspectoras comparten su vida, entrelazándola, mezclando el deber del trabajo con tardes y noches de ocio. Ese estilo tan de Sex and the City, que va más allá de todas las relaciones pasionales. Es fomentar el amor propio y encontrar a una amiga que te ayude en esa tarea.

Fue un Beso tonto llega a Chile de la mano de Editorial Planeta y de verdad vale la pena si lo que buscas es pasar un buen rato, con personajes entretenidos y reflexiones desde lo común y corriente.

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