No es misterio para nadie que “el regalón de la dueña de casa” en materia erótica es Christian Grey. Acerca de “La sociedad Juliette” dicen que no tiene acción y que no llena las expectativas del título (y eso igual es verdad, porque cuando escuchas un título como “La Sociedad Juliette”, escrita por Sasha Grey, te imaginas una versión porno de “El código Da Vinci”, y la realidad está bien lejos de eso). Y con esa falta de fe, me encontré con una historia bien interesante.

Es un libro de sexo con referencias al cine escrito por una actriz porno. Y esto es lo primero que hay que tener claro para quedar conforme. La chica escribe de lo que sabe: sexo y películas. No se las da de filosoraptor, ni trata de demostrar nada a nadie. Y eso lo pone en ventaja frente a otros libros de la misma índole, sobretodo al archiconocido 50 sombras de Grey que es un libro de sexo que parte como una adaptación libre de un libro para adolescentes, con demasiados sentimientos. Sashita Suprime la retórica dentro de lo posible. Le dice vagina a la vagina, no “el lugar más íntimo”, le dice semen al semen, el pene es un pene y no un “magnífico miembro” y lo mejor: NO EXISTE LA DIOSA INTERIOR.

Por esta misma razón Es ameno/ liviano/ fácil de leer. Está relatado en primera persona, igual que 50 Sombras de Grey, pero ¿cuál es la diferencia? que la protagonista, Catherine, es la real dueña de la historia. A diferencia de Anna, que es una protagonista pasiva, cuyos movimientos se rigen por los deseos de Grey, Catherine avanza, reflexiona, retrocede, hace referencias a figuras actuales, las cosas le gustan y no le gustan, fantasea y no se avergüenza, no le gusta Paris Hilton, y de pronto te das cuenta de que la conoces un poco, sabes más o menos cómo piensa y que ya te has leído 150 páginas. Otro punto a favor relativo a lo mismo, es que sientes que la protagonista es real. Independiente de los escenarios y de las cosas que pasen, Catherine es un ser humano común y corriente. Con aspiraciones y preocupaciones. Una relación que a veces funciona y a veces no, fantasías eróticas, un amor con el que desea envejecer, un amor platónico y una amiga bien empoderada. Habla fluído, busca en google, visita sitios porno, se masturba, fantasea, come, no le gusta el semen en la cara, tiene pelos entre las piernas, se frustra, pero sigue con su vida. Es pudorosa, pero no mojigata. En pocas palabras ES UN SER HUMANO.

Imagínensela en FILSA

Más que una historia de amor, es una historia de AMOR PROPIO. Usa códigos simples, entendibles por personas con un mínimo de conocimientos, habla de películas, da algunos datos freak y -casi como un juego -se refiere poco y nada al porno. Volvemos a lo ameno. Así te encuentras con sus apreciaciones sobre la vida, sobre los nombres que no le gustan para referirse a fluidos y genitales, sobre la importancia del semen como verdadero fluido originario de la vida, y cosas como fantasear acerca de usar el ímpetu masturbatorio de las miles de personas que miran porno por internet, para producir energía eléctrica.
Las reflexiones acerca del cuerpo son reales. En 50 sombras de Grey la protagonista descubría su cuerpo, casi por primera vez, aunque dado el contexto en que lo hacía, terminaba haciéndolo de una forma un poco violenta. Todo terminaba siendo un torbellino de emociones, todo era “la primera vez” y todo le parecía nuevo y reprochable. Catherine es distinta. No es virgen, sabe perfectamente para donde va la micro, y en un plan menos adolescente no busca descubrir su cuerpo, porque ya lo conoce, sino que se “encanta” con él. Toma lo que sabe, lo lleva al límite, experimenta y busca perfeccionar lo que ha aprendido con los años y las experiencias. Las fantasías de Catherine curiosamente evocan muchos escenarios típicos del porno, y no todos los hombres del libro son verdaderos adonis fornidos y musculosos.

El libro se ahorra esos clichés de las minas deprimidas que toman helado en pijamas de conejitos y de hombres que les mandan regalos. En todo momento la tipa sabe a lo que va. Se arrepiente y después se arrepiente de haberse arrepentido, regalándote un set bien amplio de frases para el bronce.

Como el final guatea harto, dudo mucho que Sasha Grey sea el nuevo ícono literario, pero logra crear un universo creíble -dentro de todo-ameno e interesante. Con un lenguaje simple, se vuelve mucho más accesible para el lector y fácil de abordar. Sus planteamientos son básicos, pero encierran una profundidad bien especial, puedes darte cuenta que la que habla es una mujer, que no se jacta de su experiencia y -con todo lo que ha vivido -se permite aún tener las mismas aspiraciones que todas las demás.

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