Seamos honestos: con Baudelaire no se puede hacer una crítica. ¿Es perfecto? No, pero es un clásico y con justa razón.

¿Qué es un Poeta Maldito? 

Nacido en 1821, Charles Baudelaire fue un reconocido poeta, ensayista, crítico de arte y bueno para la jarana, que se ganó un lugar en la selección que Paul Verlaine hizo de los famosos Poetas Malditos. Se les llamaba así por su vida llena de excesos, producto de los cuales también murieron (de hecho Baudelaire muere de sífilis), y por la presencia del mal en sus obras. No como un castigo, sino como algo digno de admiración. Una especie de belleza nueva.

Rebelde, bohemio y contestatario, Baudelaire se opone al sistema, al concepto de belleza con sus Flores del Mal, compiladas en este tomo, junto al Spleen de París y Los Paraísos Artificiales.

“Nunca serán aquellas bellezas de viñeta, 

productos averiados de un siglo en picardía, 

pies para mi calzado, dedos de castañuela, 

los que satisfacer podréis el alma mía.” 

Como dijimos, Baudelaire se resistía a caer en el concepto socialmente aceptado de belleza, venerando en su lugar a la pobreza, la prostitución y a los monstruos. Considerando al poeta como una maldición caída del cielo. Lo cierto es que a poco andar de su lectura, se entiende que el gusto por estas musas tan poco usuales son debido a que el autor se siente cómodo en esos entornos que derrochan decadencia. En su prosa se refiere al odio, al amor, la pobreza, el sexo y el deseo. Hace mención al amor lésbico, los gatos y los vampiros, y se entretiene haciendo referencia a conceptos como el vino, la rebelión y la muerte.

Ofrece una letanía al mismísimo Satanás, a modo de afianzar su carácter maldito. Se refiere a los dones como características entregadas por un montón de Hadas ocupadas, que en ocasiones comenten demasiados errores, y claro,  existe un lugar para las mujeres, como objeto de deseo y material de veneración.

“¡Gloria a ti y alabanza, Satanás en la altura

de cielo en que reinaste y en la eterna negrura

profunda del infierno, que todo lo silencia! 

¡Haz de mi alma, debajo del Árbol de la Ciencia, 

cerca de ti repose, cuando sobre el paisaje, 

igual que un nuevo templo, extienda su ramaje!”

Uno de los fuertes de Baudelaire, como escritor y como figura, es demostrar a través de su obra la manera en la que la vida urbana mancha y de alguna manera pervierte a sus habitantes. Ciudades sucias, actos a escondidas, decadencia y pestilencia son exhibidas casi como virtudes, en un texto donde su autor se da el lujo incluso de dirigirse al lector, ofreciéndole sus obras. Se “hermana” incluso con él, para así dejar de lado toda posibilidad de juicio o de crítica.

¿Tiene que ver con los cómics? 

¡Mucho! Los más exitosos autores, como Alan Moore o Neil Gaiman, se han inspirado en la obra de Baudelaire y el resto de los autores malditos (entre los que está también Edgar Allan Poe) para traernos sus mejores historias. La obra de Baudelaire persiste hasta nuestros días, y sirve aún de influencia a grandes autores. Sus flores del mal, y el resto de sus escritos han inspirado obras tan fundamentales como Sandman, y han servido de referente a artistas de diferentes ámbitos.

De hecho les voy a dejar “Fleurs du mal” de Sarah Brightman, porque es maravillosa:

Las Flores del Mal abre paso a la modernidad, aún cuando le valió a su autor una condena por inmoralidad, obligándolo a excluir seis de sus poemas. Baudelaire alegó que su libro debía ser juzgado como un todo y no solo por sus partes, que no seguía un orden cronológico, sino de finalidades, con lo que el autor trata el tema de las correspondencias, y que sin saberlo se convertiría en una de las obras clave de la literatura universal.

Esta edición corregida, que rescata la traducción de Llúis Guarner, incluye además textos de prueba y algunos extras incluidos en la tercera edición. Una maravilla que rescata a un clásico de la literatura, traída por Editorial Random House y que ya está disponible en librerías.

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