Laura Rojo decide abandonar el freelance y la búsqueda de sus sueños y su realización personal, para trabajar únicamente por (harta) plata dentro de una connotada empresa internacional radicada en pleno centro del área empresarial-cuica del país, sector más conocido como Sanhattan.

Hasta ahí todo bien, Laura es una profesional inteligente, clever y con una discografía digna de un almuerzo de domingo en la casa de los papás, sin embargo Berta Mondaca, su excéntrica e histérica jefa, le hará pensar si realmente el dinero hace la felicidad.

 

“Yo me estaba poniendo la camiseta de la empresa y haciéndome un cintillo con su logo, cuando me dijo: 

-Por favor cuento contigo para que no te embaraces antes del año, mejor si son dos. 

Me quedé mirando a Berta como un conejito a punto de ser arrollado por un camión.”

Cuando tomé este libro iba con toda la fe de encontrarme con una versión criolla de “el diablo viste a la moda”, pero grata fue mi sorpresa al notar que Laura me recordaba más a mí que a Anne Hathaway.

Seamos honestos, todos hemos tenido a una Berta en nuestras vidas. En mi caso fue un jefe, al que llamaremos C.M. (puede poner la T en medio cuando quiera), y recuerdo exactamente el mismo proceso. Esa predilección casi paternal por todo lo que hacía, alabando hasta las comas de mis documentos. Sus ojos de cordero degollado cuando me hizo entender lo importante que era mi contratación y me pidió -así como un favor personal, porque se supone que éramos “ultra amigos” -que por favor no me embarazara, porque conmigo pretendía renovar su confianza y volver a contratar mujeres.

Sí, esa gente existe, y tiene otras personas a su cargo. Así que el recorrido por las aventuras y desventuras de Laura no te generan únicamente simpatía, sino que uno empatiza con ella. Las quedadas a trabajar hasta tarde, los momentos y comentarios incómodos, muchas veces clasistas, machistas o desafortunados y claro, el grupo de trabajo, ese vínculo único con aquellos que comparten contigo la “dicha” de trabajar en tan ilustre lugar. Todo está muy bien graficado por la seca de Daniela Viviani (alias Cabralesa), que en 248 páginas con una portada increíble que no deja indiferente a nadie (a mí me gustan los libros así, bien chillones), nos hace vivir casi en carne propia la “Experiencia -Berta”.

Dígalo con Música 

Una cosa que se ha vuelto tendencia es “musicalizar” los libros. No, no estoy hablando de audicuentos, sino de un playlist pensado especialmente para acompañar la lectura y que está inserto también en el texto (de hecho el link está al principio del libro, igual que con Salisbury de Pancho Ortega, y lo encontré demasiado bakan). Laura se lo canta todo, pero al ritmo de esos clásicos que todavía resuenan de fondo en algunos lugares. Canciones simples, claramente identificables y que vuelven aún más amena la historia. Miguel Bosé, Pimpinela, Miriam Hernández y otros más acompañan simbólicamente a Laura en sus aventuras, sirviendo incluso de telón de fondo para sus experiencias.

“Motivados por el loable propósito de proceder correctamente, el grupo estuvo dispuesto a sacrificar gran parte de sus horas de almuerzo para perfeccionar la pauta que sería usada en la batalla final contra Berta, la increíble jefa Reptiliana, en que le manifestaríamos nuestra disconformidad por los abusos sufridos durante su malévolo reinado.” 

Otra de las cosas que ayudan a empatizar aún más con el relato de la Cabralesa, es la alusión que hace del equipo de trabajo de Laura. Una asistente comedida, el que saca la vuelta, la futura mamá, la chiquilla inocente y, claro, el que le dice a la jefa las cosas por su nombre. Unidos en el trabajo, el almuerzo y un grupo de whatsapp, los compañeros de Laura se convierten en apoyo y referente incluso de personas que uno mismo conoce. Esos compañeros que te ayudan, y que también te dejan botado.

Berta por su parte es otra historia. Un cliché que en realidad no lo es tanto, por momentos tiene una salidas de lo más extrañas, en esa onda súper espiritual que al final es pura siutiquería. Se apodera de modo grotesco de procesos espirituales y frases así como para el bronce, y finalmente se termina delatando como una mujer histérica y rara, la cara visible (y llena de botox) del clasismo en Chile.

“Berta, mi maldita jefa, a quien tanto poder le había concedido, ahora me parecía increíblemente vulgar. Una mujer huesuda y tensa, consumida por sus emociones desbocadas, y las insatisfacciones que parecían producirle todos quienes la rodeaban.” 

Un texto rápido que comienza como un anecdotario, pero a través del agudo sentido del humor de su autora y de una trama clásica pero bien armada, termina siendo una radiografía de esa realidad dentro de la oficina que no muchos están dispuestos a asumir.

Ideal para jefes y compañeritos de pega, Maldita Jefa llega a las librerías del país de la mano de Editorial Planeta Chile ¡No se lo pierda!

 

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