Si tienes más de 25 años, esta letra resonará en tu cabeza:

“Con Espartaco voy, hacia el sol, bajo el mar 
Mundo azul que se sumergió 
Buscaré tu verdad 
Arcoíris de Arcadia 
Con su luz me guiará… “

¿La recuerdas? ¿la coreaste con celular en mano o le prendiste velas? ¿sale en el cancionero de carrete o fogata en la playa, y la bacilas con cuática? Nosotros también. Si hasta la banda chilena neo hippie Shamanes le hizo un cover en su momento. Una melodía de culto, que formó a muchas y muchos de la cultura pop noventera, frente al televisor, primero por por TVN al mediodía, luego en La Red y después nuevamente en el Canal de Todos los chilenos. Recoge el carnet, por fa.

Hablamos del opening de “Espartaco y el sol bajo el mar” serie animada francesa cuyo nombre original era Les mondes engloutis, y que en lo personal quedaba en la retina no sólo por su canción, sino por su estilo y sello. Uno algo oscuro, vaporoso, que incluso daba miedo, por sus personajes sobredimensionados, de caras deformes, rudas y con tonalidades grises. Era raro. Como un recuerdo que causa ruido en la memoria, entre guacala e igual la veo. Te gusta, pero te asusta.

Creada por Nina Wolmark, esta serie de dos temporadas y tan sólo 52 capítulos tocaba fibras del maravilloso universo comiquero europeo, evocando locaciones y ecos al gran Moebius; tanto por su diseño como por lo madura y crítica de su historia, a pesar de ir enfocada a público familiar; muy de ciencia ficción y parajes interespaciales. ¿De qué trataba? Futuro postapocalíptico, y en la ciudad de Arkadia el sol se está extinguiendo, siendo los niños de esta poli los únicos esperanzados en que en un extinto planeta llamado Tierra, puede haber una respuesta o sol artificial. Esto, luego de inspeccionar en los archivos secretos y quebrantar la ley, pues en esta era los arcadianos habían jurado olvidar el pasado y memoria de otras épocas. De esta forma, confían la misión en Arkana, algo así como una princesa del Sensation White o Padme de “El Ataque de los Clones” vestida de blanco, dos hermanos -Rebecca y Matt-; una nave azul parlanchina, Tehrig, que se parecía a la del animé de “La Máquina en el Tiempo” (¡ay Ratavari!) que daban en Pipiripao; sumándole dos ornitorricos marcianos y el pulento Espartaco, el protagonista, un Mad Max indio sin rumbo y cara de póker, un He-Man de las europas.

La volaíta

Ya se te vinieron más recuerdos a la mind, supongo. Entonces obviamente aparecerán los Piratas del Mar, que era bien feos y súper punkies, con mohicas y piercings, los malos charchas, como el Equipo Rocket del cuento. Ellos también tenían una canción (“La danza de los piratas”), que la repetían fácil dos veces por episodio, con las mismas escenas y cortes. Claramente fumaban del bueno cuando los crearon.

Además en cada capítulo salía un ser más freak y terrorífico que el anterior, había uno que vestía de negro, con un látigo, casi sacado de una cinta Slasher. Al final de todo el rollo, y respondiendo a la tónica de la saga, todo terminaba muy triste, con sacrificios de todo el pueblo de Arkadia para que sus cabrochicos y las próximas generaciones se salvarán. Terrible. Y en el caso de Espartaco, la clave y mapa para salvar lo insalvable, estaba en su brazalete, exacto, símil de Angel con la Flor de los Siete Colores escondida a la vuelta de su casa. ¿Quieres ver el último capítulo? juegue.

Quizás acá Espartaco no dejó tanto la crema como en Francia, porque allá la serie tuvo adaptaciones al cómic y en libros infantiles, incluso tuvo su CD musical, con una banda a lo Kudai interpretando los temas, que aparte contó con una edición remasterizada el 2002. En fin, esta fue la carta nostálgica-tétrica animada que quisimos remembrar en Nerdix, una que igual tenía un mensaje ecológico y ambiental de fondo (¿cambio climático?). Ahora, a lo que vinimos, a cantar y bailar.

 

 

 

 

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