La primera vez que me encontré con Chalice fue en las páginas de Love is Love (IDW), donde desde las alturas reflexionaba acerca de las diferencias, y de quienes -sumergidos en un mar de ruido -“nos dicen que la ira es su derecho, cuando en realidad es una opción.”

No les miento, me encantó en ese momento. Entonces me recomendaron Alters… y desde ahí que la amo.

Alters (Aftershock), es una serie de hasta ahora cinco números, que nos lleva a un mundo en donde los superpoderes son vistos con recelo por parte del “ciudadano común” (¿Aló, Xmen?), y sus portadores llamados Alters. Al igual que en la obra de Marvel, existen dos clases de Alters: Los que buscan servir al gobierno/comunidad, a cargo de un compadre con pinta de hipster llamado Octavian y el resto, a cargo de un hombre increíblemente cruel llamado Matter Man, que ha ordenado a todos los nuevos Alters reportarse con él, de lo contrario serán considerados enemigos. En medio de toda esta trifulca aparece la misteriosa Chalice, que dedicará al menos dos de los primeros números en decidir si ayuda directamente al bando de los buenos, ya que entre sus poderes está el detectar la existencia de otros Alters, o si se mantiene como neutral. Hasta ahí todo bien apegado al cliché, pero ¿cuál es el verdadero poder de Chalice? Que es una de las pocas heroínas Transexuales de la historia del cómic.

La Nueva Armada de la Integración

Lo cierto es que Chalice no es la primera de su clase. Su antepasada más conocida es Coagula (1993), que luego de ser rechazada por la Liga de la Justicia, militó exitosamente en el Doom Patrol. Sin embargo Alters trata de ir más allá que sólo presentar una heroína trans: Chalice también es Charlie, un chico aparentemente normal, hijo del medio de una familia cariñosa y al parecer conservadora, con un trabajo estable, amigos y sin embargo dos secretos: ser un Alter y haber comenzado su tratamiento hormonal.

A través del Diario de Chalice, Alters nos entrega sus reflexiones y puntos de vista, y nos ayuda a entender un poco más su proceso. Si bien nuestra protagonista es bien ligada al estereotipo, lo cierto es que es un buen intento de acercar esta realidad al increíble mundo de los héroes y heroínas con capa.

Existen muchos otros ejemplos de personajes transexuales en el mundo del cómic, como Marisa Rahms y Lord Fanny, pero pocos hacen lo que Chalice, que es empezar desde cero, desde el momento del tratamiento, a su vez protagonizando su propia historia.

El universo de Alters además tiene otros elementos bien importantes, como es poner sobre la mesa la verdadera conversación acerca de la integración (camuflada en estos seres con poderes), y la comunicación, sobretodo entre los miembros de una familia.

Chalice podría ser una de las nuevas caras fuertes dentro del cómic under, sobretodo por su fuerte apego al cliché. Se nota la mano de Paul Jenkins en el guión, aunque eso haya generado un poco de recelo en la comunidad trans (al sentir que no se vieron reflejadxs en este personaje que si bien funcionaba como heroína, quedaba muy al debe como joven trans). Sin embargo no hay que dejar de darle una oportunidad, ya que de todos modos la historia es entretenida y llena de guiños no sólo a otras sagas, sino a problemáticas reales, como la tolerancia y la búsqueda de la identidad.

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