Hace unos días terminé las 620 páginas que componen la primer entrega de Crónicas de Équilas, llamada “La espada de la Luna Rota”. Y aún lo extraño, fue una muy buena compañía estos días. La verdad es que me pone muy feliz haber tenido este libro en mis manos por varias razones, pero me voy a ordenar un poco y les cuento:

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El año de Chile: 

No sólo de Osos y llaves está hecha la fantasía en nuestro país, y eso se agradece. Équilas es un mundo épico, fantástico, pero fácil de visitar. No tiene nada que envidiarle a las sagas europeas en el sentido de que nos ofrece una historia bien armada, hecha con cariño, y con detalles que algunos agradecemos. Y lo creó un chileno.

De la pluma de Alejandro S. d’Alessandri nos llega esta historia de heroísmo, magia y sobre todo de camaradería, evocando los buenos tiempos en que la fantasía no era tan compleja, tan cruda, tan sanguinaria. En que los malvados eran de por sí oscuros, y los buenos emitían una luz difícil de explicar con palabras. Lían, el protagonista es un niño súper noble, con un sentido del deber bien demarcado, jugado por sus amigos, y de una moral hasta ahora inquebrantable. Es Seiya. Kyresh, el antagonista -que antaño fuera su mejor amigo- es la personificación del lado oscuro, en el más puro sentido de la palabra. Kyresh se siente herido, traicionado y reacciona con ira y despecho, y eso va forjando lo que será su destino, y lo llevará a enfrentarse una y otra vez con quien fuera su gran aliado.

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El mundo antiguo: 

Esto puede parecer muy superfluo para un análisis, pero para mí es importante: me gustan mucho los libros con mapas. Si vas a crear un mundo, no lo hagas complejo, hazlo fácil de entender, fácil de imaginar, y hazle un mapa. Équilas fue dividida por los desfiladeros, que son grandes grietas llenas de atrocidades que dividen el mundo en tres grandes territorios. Se ve la dedicación al crear un mundo que no sólo tiene una historia, lenguaje y simbología (que también puedes encontrar en el libro), sino que la geografía tambíen es importante. Sí, podría recordar a Tolkien, a Pratchett, a Le Guin, y es por eso que lo valoro más, porque sin sumirme en el tedio de tanta información, me aclara el panorama para seguir leyendo. 

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La película: 

Alejandro, autor de este libro se tituló como cineasta ¿Acaso importa? Sí, porque es de esa manera en que nos transmite su visión de este mundo. Tolkien creó un mundo grandioso, con historias, lugares y personajes que podían generar otros libros. d’Alessandri nos ofrece una película, una serie de Netflix, algo grandioso, pero narrado de modo que la visualización de lo personajes es distinta. Los diálogos, la manera en la que se mueven y los conflictos que nos motivan son narrados de modo que los ves en tu mente  desfilar como una superproducción. ¿Y dónde se nota más esto? Fácil. En las peleas.

Las primeras cien páginas tienen al menos tres conflictos armados, que son narrados al punto que “los puedes ver”. Me gusta eso, me gusta harto, creo que Alejandro quiso que en el fondo su libro pudiera ser producido como una película (o como un cómic, quién sabe. Pero me voy por la serie en Netflix).

Podría estar una tarde entera analizando el libro, pero terminaría contándolo. Lea, apoye a su autor nacional, el libro es entretenido, dinámico dentro de los márgenes de la fantasía heroica, con personajes entrañables, y bonito a la vista.

Ahora espero “La doncella del corazón negro” 🙂 .

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