Las películas de Takashi Miike siempre, pero SIEMPRE son interesantes, porque el tipo es uno de esos genios medios enfermos, que hace películas que te impresionan sí o sí, con un giro de trama, o un detalle grotesco (o ambas cosas). Lo cierto es que el hombre sabe hacer la pega, y esta no es la excepción.

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Si buscan en internet, Kamisama no iu tôri (o en inglés “As the gods will“), se van a encontrar con esta sinopsis: “Shun Takahata es un estudiante normal de secundaria que lleva una vida aburrida, junto a su mejor amiga, Ichika Akimoto. Un día, la cabeza de su maestro explota en clase y Shun y sus compañeros se ven obligados a jugar un juego mortal sin saber el quién, el cómo o el por qué.” 

Y sean honestos, les dieron ganas de verla.

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La película es un survival (género por excelencia en Japón), estrenada en noviembre de 2014, basada en el manga homónimo, que terminó de publicarse el 2012 y que en efecto habla acerca de Shun Takahata y de cómo pasó de estar lateado por la vida a aferrarse a ella con todas sus ganas. Como es costumbre, esta película comienza en un colegio, porque esa es otra particularidad de Japón: odian a los estudiantes y siempre los matan. Del cadáver del profesor aparece un Daruma, que juega a algo así como el “congelao” y al que ve moviéndose, le vuela la cabeza. Shun logra salvarse luego de descubrir la manera de acabar con el juego, aunque pierde al amigo que le ayuda a descifrarlo. Lo bakan de los Survivals es que son bien ágiles entonces pasa que no pierden 20 minutos de película contándote sus historias, porque eso lo hacen en el manga. Aquí basta con un flashback o que el protagonista diga “lo bueno es que no tendré que ver a mi papá llegar curao nunca más” y listo, continúan con su vida. O mueren, dependiendo del caso.

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Lo otro es esa manía japonesa de convertirlo todo en una secta. Por alguna razón, la matanza en el colegio logra ser televisada, y la gente comienza a reunirse en el centro a verla en pantalla gigante, armar teorías y a “alentar a sus favoritos” (porque claro, estas cosas DEBEN convertirse en un reality), y aparece la idea loca y fantástica de que estos pobres cabros estresados luchando por su vida, son los “elegidos de dios” (porque en el mundo real NADIE hace teorías locas con algo que ve en un video… cof cof *Marina Joyce* cof cof). Y aparece un compadre, un hikikomori (que es el nombre técnico de las personas que están todo el día encerradas en la casa con el compu), que se obsesiona con esta idea y al parecer es súper importante.

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Entonces entre la sangre y los juegos, que son bien ingeniosos, aparece esta idea de que es Dios, en su eterno capricho, el que los motiva a hacer esto, a luchar de esta manera por su vida. El juego saca lo mejor y lo peor de ellos, y al final entenderán que sus habilidades los ayudarán siempre, pero sólo en los aspectos que ellos puedan controlar, porque para triunfar hay que tener habilidad, pero también una cuota de suerte.

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En cuanto a lo visual, está muy bien hecha, no abusa de los efectos (los personajes son puro CGI, pero en verdad no molesta mucho) y bueno, está el factor Takashii Miike. Yo a él le haría una biografía, un ranking y un especial en los Peliparlantes, porque insisto, es de esos genios medios enfermos a los que hay que cuidar.

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