“La Razón de Estar Contigo” fue el título más leído por los doglovers el 2010, pero su verdadero gran éxito llegó luego del estreno de su película. La historia de Bailey y su viaje de reencarnaciones para proteger a su chico Ethan, era una historia tierna y redondita, llena de  mensajes acerca de la conocida lealtad canina, que traspasa tiempo, fronteras y… encarnaciones.

Pero ¿Qué podría ofrecer W. Bruce Cameron en una nueva historia?

Advertencia: Si no vio/leyó la primera parte… no se preocupe, va a entender igual.

“Allí sentado en el muelle de madera que se adentraba en el lago, supe con certeza que me llamaba Chico y era un buen perro.”

Han pasado varios años y Bailey logró reencontrarse con Ethan, su chico. Pudo protegerlo y acompañarlo incluso hasta el final de sus días, por lo que ahora está tranquilo, esperando el momento de descansar y sin la necesidad de volver como otro perro. Pero -contrario a lo que esperaba -Bailey vuelve a nacer, esta vez con una nueva misión.

Una de las cosas más interesantes de esta historia es la manera en la que Bailey se refiere a los humanos. Tiene una fe ciega en el hombre y una confianza que de verdad remueve algo bien importante en el lector: somos responsables de nuestros compañeros animales, ellos depositan su vida y sus decisiones en nosotros, no se someten, sino que nos entregan su voluntad para que guiemos sus vidas de la mejor manera posible. Una vez que entiendes eso, el libro cobra un sentido muy diferente.

“Los perros no se ocupan de otros perros, son las personas quienes se ocupan de ellos.” Dice el protagonista con toda naturalidad, y con eso nos entrega un propósito como mal llamada “raza superior”. Sin embargo, dentro de su simpleza va mucho más allá de eso, y el autor innova en otra vía: Bailey vuelve al mundo como una hembra.

Si bien en el primer libro también lo hizo, esto sólo sirve para confirmar que “La Razón de estar contigo” no es una cuestión de género. Ya sea Bailey, Chico o Molly, la fórmula funciona y la historia sigue siendo tan encantadora como siempre.

La Misión de Molly es cuidar de Clarity, la nieta de Ethan, a quien conoció siendo Chico en sus últimos años en la granja. Y al igual que en su primera misión, Molly se entregará por completo en un relato bien inocente pero con mucha convicción, siendo testigo y compañera silenciosa del andar de esta solitaria chica que se convertirá en su nuevo amor.

“Yo era Toby, Chico, Molly, Max, Bailey y Ellie. Era un buen perro. Y este era mi premio. Ahora podría estar con las personas que amaba.” 

Son poco más de 300 páginas acompañando a este perrito/perrita en sus aventuras. Empatizando con sus temas y conmoviéndonos con otros. ¿Se llora? Sí, pero de todos modos dele una oportunidad a esta historia. En esta vida o en cualquier otra.

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