Somnia es la última obra del director Mike Flanagan, conocido por la perturbadora “Oculus“, y aunque la crítica fue muy dura con ella, creo que el problema estuvo en que el género en el que fue puesta, no es para el que fue creada.

Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar” dijo Antonio Machado alguna vez en alguna parte, y claro, cuando hablamos de nuestros sueños, siempre lo hacemos en positivo: las maravillas de nuestra mente pasan frente a nosotros, los recuerdos de quienes no están, o los aromas de nuestra infancia, desfilan entre escenarios muchas veces imposibles y definitivamente improbables ¿pero qué pasaría si fuésemos capaces de materializar estas imágenes? tendríamos magia a nuestro alrededor todas las noches, y podríamos compartir con otros las dulces imágenes del inconsciente. Y también nuestros amargos traumas.

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Jessie y Mark Hobson son un matrimonio que trata de seguir adelante con su vida luego de la muerte de su hijo Sean en un accidente doméstico en la tina de su casa y que al darse cuenta de que no podrán tener más hijos deciden adoptar. Y aquí ya empieza rara la película, porque lejos de evidenciar lo dañados que están por el duelo, la asistente social elige para ellos a un niño que aparentemente ha pasado por varios hogares y ha sido víctima de abandono, y su lógica es como “elegí a este niño, está tan destruído como ustedes”. Pero bueno, se llevan a Cody (Jacob Tremblay, el niño más lindo de Hollywood), que resulta ser un pequeño adorable y reservado, con una remarcada afición por las mariposas y una caja llena de azúcar y estimulantes para no dormir. Sus nuevos padres, creen que es una fase y tratan de calmarlo, asegurándole que todo está bien, y cuando el niño se duerme, comienzan a pasar cosas mágicas y extrañas.

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La primera noche son mariposas. Muchas mariposas de todas las formas y colores, pero luego es Sean, aparentemente en carne y hueso, tal cual aparece en el cuadro que el matrimonio conserva en el living de la casa y que Cody observa detenidamente. Luego de eso Cody les explica de su don -o trata de hacerlo -y les pide perdón. No quiere que el Canker man se los lleve, como lo hizo con su mamá. Lejos de entender sus razones, Jessie (Kate Bosworth en el papel más inexpresivo de su vida: una madre), descubre una veta a la cual sacar provecho: los sueños de Cody pueden traer a Sean de vuelta, al menos por una noche. Le muestra un video de una navidad y así condiciona al niño a soñar con esa escena, trayendo a su hijo muerto aparentemente de vuelta. Y también al terrible Canker man (que visualmente es una especie de Jack Skellington desnudo). Mark (Thomas Jane) se opone al actuar de su esposa, pero igual es contradictorio porque le dice que es una madre increíble. Luego de un incidente con otro niño en el colegio al que el Canker man literalmente devora, Cody comienza a inquietarse, y -lejos de ser una madre increíble y tranquilizarlo -Jessie le da pastillas para dormir, con lo que le resta la posibilidad de protegerse y protegerlos a ellos despertando cuando quiera.

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Como dice el dicho, Jesse fue por lana y salió trasquilada, porque lejos de ver a su hijo consiguió que el Canker man, libre ahora de ataduras se llevara a su esposo, la golpeara y que llegara la policía y se llevaran a Cody. Sin embargo, apoyada por la magia del cine, esta mujer logra descubrir en dos días el misterio que hace años rondaba el niño y que tenía que ver con sus traumas y la manera en que percibía las cosas en un momento en particular, y los monstruos asociados a la muerte de su madre.

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Para muchos la película tiene un final demasiado absurdo, pero ¿saben? yo creo que no podría haber tenido otro. De alguna manera es interesante darnos cuenta de cómo el inconsciente modifica nuestros recuerdos y de la manera en la que percibimos las cosas, sobre todo cuando somos niños.

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En lo personal, una película para ver en Netflix, con una idea original, pero curiosamente forzada al terror, cuando como thriller mágico habría resultado maravillosa, como “El misterio de la libélula”. ¿Hay que verla? sí, porque aunque no es un imperdible, Jacob Tremblay lo vale todo.

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