Los gloriosos inicios:

No recuerdo ninguna franquicia de videojuegos que haya tenido una calidad tan variable como Assassin’s Creed. En el primero tomamos el control de Altaïr Ibn-La’Ahad, un asesino durante la época de las Cruzadas cuyo orgullo lo hace caer en desgracia. Ansioso por recuperar su sitial como maestro asesino, deberá eliminar a nueve agentes templarios en las ciudades de Jerusalén, Acre y Damasco. Con su excelente sistema de movimiento y una recepción favorable pese a sus defectos (lo repetitivo que se vuelve), una secuela resultaba inevitable, y se dio origen a lo que muchos consideran el punto más alto de la serie: la trilogía de Ezio Auditore, en que acompañamos al carismático florentino a través de tres juegos, en los que pasa de ser un vividor incorregible a uno de los más temidos asesinos de Europa. Estos tres juegos (Assassin’s Creed II; Assassin’s Creed Brotherhood y Assassin’s Creed Revelations) tomaron la premisa original y la mejoraron enormemente, agregando nuevas mecánicas, un sistema de combate mejorado, y una serie de implementos para facilitar el cumplimiento de nuestras misiones.

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Auge y caída:

Obviamente, es difícil mantener un incremento constante en la calidad de un producto, sobre todo cuando se está lanzando un juego AAA cada año (de hecho, 2016 será el primer año que no verá el lanzamiento de ningún Assassin Creed para las consolas actuales). Es así que llegamos al Assassin’s Creed III, en que tomamos el control de Connor Kenway, mestizo inglés-mohawk, quien se ve obligado a tomar el manto de asesino para coartar el avance de los templarios en su tierra natal.

Pese a tener una trama más bien floja, una tonelada métrica de bugs y un protagonista con la misma capacidad histriónica que una piedra de tamaño mediano, el juego se las arregla para entretener gracias a un sistema de cacería (de la cual sacamos materiales que nos permite crear mejor equipo), la posibilidad de trepar árboles además de edificios y, principalmente, a la presencia de nuestro propio barco. Sin embargo, sumando y restando,el juego resulta un poco olvidable.

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Aprendiendo de los errores. 

Afortunadamente, la serie remonta con Black Flag, en que controlamos a Edward Kenway (abuelo de Connor), asesino y pirata, mientras recorre las turbulentas aguas del Caribe. El juego –a mi entender el mejor hasta la fecha- toma las novedades introducidas por su antecesor y las pule hasta dejarlas relucientes, agregando exploración de ruinas submarinas, cacería de ballenas y aumentando enormemente las posibilidades de mejorar a nuestro fiel barco. A esto se le debe sumar un protagonista carismático, lejos del estoico y aburrido Connor, quien se ve sumido en una trama digna de una novela de Emilio Salgari.

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Rogue y Unity: 

El año 2014, Ubisoft decidió lanzar dos juegos más en la serie, uno para PS3 (AC: Rogue) y uno para PS4 (AC: Unity).

 Rogue narra las aventuras de Shay Cormac, un asesino que decide abandonar la orden y unirse a los templarios. Más allá de la trama, el principal atractivo del juego es que es prácticamente un clon de Black Flag, solo que ambientado en el Atlántico en lugar del Caribe.

Por el otro lado, AC: Unity es por lejos el juego menos atractivo de la serie. Si bien AC III no era un gran juego, las novedades que introducía eran suficientes para hacerlo entretenido y, si bien habían muchos bugs y fallos, en general el juego corría bien. Nada de esto sucede en Unity, quitando uno de los elementos más atractivos de los tres juegos anteriores (la navegación) sin agregar nada a cambio, dejando además tantos errores que incluso tras varias actualizaciones el juego es apenas jugable a medias. De toda la serie, este sería el único que prefiero ignorar.

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Syndicate:

Es así que llegamos a la última entrega de la saga, AC: Syndicate. En ésta tomamos por primera vez el control de dos protagonistas, los hermanos Evie y Jacob Frye, quienes luchan para liberar el Londres victoriano de las garras del despiadado Crawford Starrick. Para ello, además de seguir la tradicional ruta de acuchillar, envenenar o en general asesinar a todo ser viviente que tenga la mala idea de cruzarse en nuestro camino, combatirán fuego con fuego, creando su propia pandilla para contrarrestar su influencia.

Como en tantos juegos de la serie, la trama se siente como una oportunidad perdida. A medida que tomamos control de los distintos barrios londinenses, nos encontramos con varios personajes históricos en necesidad de ayuda, pero sus misiones rara vez son lo suficientemente interesantes como para hacernos olvidar lo deslucido de la historia principal.

Donde el juego realmente brilla, sin embargo, es en la jugabilidad, dando la posibilidad de controlar casi indistintamente a Evie o a Jacob. A medida que cumplimos misiones, matamos enemigos, etcétera, iremos subiendo de nivel, lo que nos permite comprar habilidades (algunas de las cuales realmente cambian la forma de jugar) e ir mejorando nuestro equipo.

La otra gran diferencia radica en el transporte, donde tenemos un gancho tipo Batman, con el que podremos hacer más expeditos nuestros viajes a través de la ciudad.

El último punto que destaca del juego es el de la movilidad. Si bien todavía hay algunas situaciones desagradables (como que saltemos hacia nuestra muerte cuando pretendíamos descolgarnos del techo), este es el juego que mejor control da a los jugadores.

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Se trata, en suma, de una muy digna adición a la serie. Tal como en la mayoría de sus entregas, lo recomiendo especialmente a quienes privilegian una excelente jugabilidad por sobre una buena historia.

 

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